Archive for the ‘Literatura’ Category

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Leyendo… ‘La Torre Oscura: El Pistolero’ (‘The Dark Tower: The Gunslinger’; 1982), de Stephen King.

8 noviembre 2011

“El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él”. (¿A que no os esperabais que pusiese esto en el comienzo? ¿Eh?)

por Zinho.

La hierba del diablo, luego reeditado como El pistolero, es la primera de las siete novelas que componen la saga de La Torre Oscura, escritas por el escritor / vendedor de derechos al cine StephenMecargotodoslosfinalesdemisnovelasKing. Su gran saga.

El pistolero es Roland de Gilead, un hombre que busca la Torre Oscura, un lugar especial que puede ofrecerle respuestas sobre su mundo, una especie de mezcla entre Viejo Oeste y Mad Max Universe que al parecer se ha “movido”, en el que existen cosas que se conectan con el nuestro. Roland, en este primer volumen, persigue al hombre de negro, una figura que puede ofrecerle respuestas sobre su destino en la búsqueda de la Torre Oscura (esto lo he escrito yo sin ver la Wiki, lo juro).

Y el Zinho es un bloguero que va analizar, con spoilers ligeros y de una manera humilde, esta novela que como todas las que inician algo supuestamente épico y grande, se pierde en su enorme enormidad. Pero es muy curiosa. Y ojo, es un análisis que hago sin haber leído las siguientes novelas, con lo que puede estar supeditado al mítico “¡Por listo!” cuando lo revise todo al finalizar la saga, allá por el 2058…

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La Ciencia-Ficción: Espejo del Hombre.

28 octubre 2010

por Atreus.

[Artículo de opinión que he escrito para la inauguración del blog Planetas Prohibidos junto a tres buenos compañeros blogueros: Lino de El Fin de la Eternidad, Jorge Vilches de Imperio Futura, y Marta de Gyzzma. Clickad AQUÍ para leerlo allí].

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Esta vez, todo había terminado. Los hombres no realizaban ya ningún trabajo; las máquinas los sustituían por completo. Vivían retirados en sus refugios antirradiactivos y lentamente iban paralizándose, sin fuerzas siquiera para procrear. Pero esto no les importaba, puesto que los robots les proveían de todo lo que podían necesitar. Así, los últimos hombres terminaron muy pronto por atrofiarse completamente. Entonces, los autómatas los eliminaron tranquilamente. Después de tantos siglos desde que el hombre los creara, esperaban con ansia ese momento. Después, pensaron que al fin podrían descansar. Pero muy pronto se dieron cuenta de que para ello necesitaban servidores.

Así, inventaron a los hombres

Los Sustitutos, de Bernard Pechberty.

En este relato corto, probablemente escrito entre las décadas de los sesenta y los setenta, y que he querido destacar para la inauguración de este nuevo blog, se nos presenta uno de los pilares narrativos más célebres del género de la Ciencia-Ficción: el de la vida artíficial y nuestro miedo natural a ser sustituídos por ella (el «Complejo de Frankenstein»). Sin embargo, esta temática, nacida en los antiguos folclores de la Humanidad, fermentada a través de la literatura y que tantas horas de entretenimientos nos ha aportado a través del cine (Inteligencia Artificial, Blade Runner, Battlestar Galactica, Almas de Metal, Matrix, Terminator, Dune…), encierra profundas reflexiones humanistas que, generalmente, son pasadas por alto por una sociedad tendente a dejarse llevar por los tópicos y más atenta a los continentes que a los contenidos.

Desde los humanoides artificiales de la antigua Grecia, pasando por los homúnculos y Golems de los folclores medievales hasta los androides de las narraciones contemporáneas, las historias del Hombre enfrentado a sus coetáneos artificiales han sido siempre una constante temática que nos ha acompañado durante milenios. En ellas podemos encontrar, reflejadas entre líneas, críticas a los regímenes esclavistas o a las tendencias jerárquicas de nuestra Humanidad, como sucede con los “Robots” de la obra de 1920 R.U.R., de Karel Čapek (donde, por cierto, se acuña por primera vez este popular término). Se pueden vislumbrar, también, alegorías de la progresiva deshumanización de nuestra raza o reflejos de los conflictos “raciales”, como sucede –a un nivel profundo, eso sí– en obras como Blade Runner. O podemos encontrar, asimismo, reflexiones en torno a la tendencia natural de nuestra Humanidad a jugar a ser Dios por medio de la creación de vida, o bien acerca de nuestros implícitos deseos naturales de conocer las respuestas a las Grandes Preguntas y hallar a nuestro Creador (como sucede en Star Trek: La Película, Inteligencia Artificial, Frankenstein o en la citada Blade Runner, donde incluso se nos muestra un Patricidio con poderosos tintes nihilistas).

Sea como sea, el punto de conflicto de estas historias es siempre el mismo: la sublevación del oprimido sobre el opresor. Pues el Hombre, plenamente consciente de sus miserias y sus limitaciones, siente terror hacia sus propias creaciones porque en ellas se ve reflejado a sí mismo. No es de extrañar, por tanto, que muchas de las obras capitales de este género hayan sido escritas en algunos de los momentos más frágiles de nuestra propia historia.

Pero este no es la única temática de este género que, parafraseando a Juan José Plans, tal vez sea el más peculiar de los tiempos en que vivimos. Futuros posibles; parábolas políticas, sociales o religiosas; hipótesis sobre nuestro lugar en el Cosmos; invasiones extraterrestres; aventuras espaciales… Tanto en las obras de los lejanos precursores del género como Luciano de Samosata, Tomás Moro, Jonathan Swift, Voltaire o Mary Shelley, como en las de autores contemporáneos como Brian Aldiss o Robert A. Heilein, en este género caben tanto los positivismos como los pesimismos, y sea cual sea la temática de una obra de Ciencia-Ficción, al final, la gran mayoría de ellas confluye en lo mismo: funcionar a modo de una visión crítica de nuestro tiempo, entendida por medio de la extrapolación. Así, por muy viscosos que sean unos o por muy metálicos que sean otros, tanto los extraterrestres como los robots de este género literario son, en el fondo, el reflejo que resulta de observarnos a nosotros mismos en el espejo y asustarnos de lo que vemos.

Desde las anticipaciones científicas de Julio Verne o H.G. Wells hasta los futuros distópicos de George Orwell o Aldous Huxley; desde la poesía nostalgica de Ray Bradbury hasta la pesimista epistemología de Stanislaw Lem; desde los imaginarios futuros de Isaac Asimov hasta los anhelos evolutivos de Arthur C. Clarke; pasando por las divertidas aventuras “pulp” de Edgar Rice Burroughs o Alfred Bester, o a través de los laberínticos futuros mentales de Philip K. Dick… La Ciencia-Ficción ha ido evolucionando a través de dos mil años de historia literaria gracias a una larga serie de autores comprometidos; analistas sociales que han sabido reflexionar, con mayor o menor fortuna pero de un modo siempre atractivo y entretenido, acerca de inquietudes que para nada son simples o intrascendentes. Y aunque no podamos saber cómo será el propio porvenir de este género en el futuro, lo que está claro es que, mientras exista, seguirá siendo reflejo de nuestras cuestiones humanistas, y el mismo campo fértil que ha sido siempre donde poder verter y articular tanto nuestras esperanzas como nuestros temores.

Seamos cautos…


[Fotografías: fotogramas de la introducción de la versión extendida de Dune (de David Lynch; 1984)].

[Reseña publicada originalmente en el blog Planetas Prohibidos].

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Dibujando… ‘Solaris’, de Stanislaw Lem.

1 marzo 2010

por Atreus.

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¡Haced CLICK sobre él para ampliar, que el dibujo gana más!
(ACRÍLICO, 47×32 cm).

Si ya he dado el coñazo no con uno, sino con dos posts acerca de Solaris… ¿por qué no darlo con un tercero? 😛

Imaginado a través de las páginas de la monumental obra de Stanislaw Lem, en este dibujo no he intentado reflejar un momento concreto de la historia, pero sí encapsular un buen número de detalles de la misma probablemente sólo captables por los lectores, desde la ventana panorámica de la Estación, los dos soles rojo y azul, o los resplandores aceitosos y plateados del mar, hasta una Harey melancólica e irremediablemente ligada al misterioro océano planetario.

~Posts relacionados: Leyendo… Solaris (1961), de Stanislaw Lem, y Viendo… Solaris (Solyaris; 1972), de Andrei Tarkovsky.

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Dibujando… ‘Fahrenheit 451’, de Ray Bradbury.

23 febrero 2010

por Atreus.

 

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¡Haced CLICK sobre él para ampliar, que el dibujo gana más!
(ACRÍLICO, 45×29 cm).

Era un placer quemar.
Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un kerosene venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes, y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia. Con el simbólico casco numerado -451- sobre la estólida cabeza, y los ojos encendidos en una sola llamarada anaranjada ante el pensamiento de lo que vendría después, abrió la llave, y la casa dio un salto envuelta en un fuego devorador que incendió el cielo del atardecer, y lo enrojeció, y doró, y ennegreció. Avanzó rodeado por una nube de luciérnagas
(…), mientras los libros, que aleteaban como palomas, morían en el porche y el jardín de la casa. Mientras los libros se elevaban en chispeantes torbellinos y se dispersaban en un viento oscurecido por la quemazón.
Montag sonrió con la forzada sonrisa de todos los hombres chamuscados y desafiados por las llamas
. (De la traducción de Ediciones Minotauro; 2007).

Así comienza la poética distopía de 1953 del gran Ray Bradbury, uno de los clásicos literarios del siglo XX (y adaptado al cine en 1966 por Francois Truffaut), y así es la imagen que siempre me ha venido a la mente leyendo esas líneas. Resultado un tanto desastroso, pero es la primera vez que uso pinturas acrílicas… así que espero que se tenga en cuenta 😛

~Post relacionado: Leyendo… Crónicas Marcianas (The Martian Chronicles; 1950), de Ray Bradbury.

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‘Crepúsculo’, o los vampiros según la “literatura de Carrefúl”…

17 noviembre 2009

por Atreus.

Photobucket¡Click para aumentar!

Cels Piñol, creador de una de las más célebres y divertidas obras del mundo del cómic patrio, Fanhunter, nos da en esta divertida tira su particular visión acerca del fenómeno adolescente que ha generado Crepúsculo, esa serie de libros de moda que, aún con la tinta fresca, Hollywood no ha tardado un puñetero segundo en convertir en pinículas.

El longevo mito de los vampiros tiene su origen en los antiguos folklores de innumerables naciones, especialmente (aunque no exclusivamente) las europeas. Por eso, a lo largo del cine y especialmente de la literatura, ha sido mostrado de formas muy variadas que bien atañen al aspecto físico de dichas criaturas, como a las señas más características de su comportamiento, y a la intensidad de la sombra de erotismo que envuelve su figura. Es decir, que “vampiros, hay muchos y muy distintos”. Pero es probable que ninguna de dichas versiones haya sido tan cutre, rancia, infantil y condicionada a lo “políticamente correcto” como la reflejada en la saga literaria y cinematográfica de Crepúsculo, cuyos protagonistas son simples malotes de instituto (pero en el fondo súper-sensibles), que de vampiros tienen tan sólo la etiqueta que la autora les ha dado como mera excusa comercial para extender sus convicciones mormonas. Esto es, en fin, lo que sucede cuando los mitos se dan de bruces con las modas derivadas de la “literatura de Carrefúl” y del cine comercial más ponzoñoso. Por eso, ante este fenómeno actual, nunca estará de mal recomendar obras de otra clase, aunque para muchos puedan parecer obviedades.

Muchos de los grandes escritores universales de entre los siglos XVIII al XX (Sheridan LeFanu, Allan Poe, Polidori, Hoffmann, Baudelaire, Stoker, el gran Matheson…) han contribuído a este mito a través de un buen puñado de importantes novelas y relatos, que en nuestro país se recogen en varias antologías como El Vampiro, y la reciente No Despierten a los Muertos, que recomiendo encarecidamente. Y en cine, no deben faltar clásicos indispensables como el Nosferatu de Murnau, el Dracula Todd Browning protagonizado por Bela Lugosi, la posterior serie de “Dráculas” de Christopher Lee dirigidos por Terence Fisher para la mítica productora Hammer, el Dracula de Coppola, e incluso la cojonuda macarrada del Maestro Carpenter Vampiros, entre muchas otras. Tal vez todos estos no sean títulos tan llamativos como las ultimísimas novedades pringosas que se pueden encontrar en los centros comerciales o en las grandes salas de cine, y sus protagonistas no sean precisamente adolescentes debatidos entre problemas de aceptación social y dilemas del estilo “no debemos follar porque aún somos jóvenes y porque te respeto, ossea“… pero al menos tendremos aseguradas unas buenas dosis de cine y literatura… y, claro, vampiros sanguinolentos de verdad.

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Leyendo… ‘Solaris’ (1961), de Stanislaw Lem.

6 agosto 2009

Antropocentrismo y tragedia humana en las estrellas.

por Atreus.

PhotobucketEl psiquiatra Kris Kelvin es enviado a la estación espacial Solaris, que toma su nombre del planeta sobre cuya superficie se mantiene a pocos centenares de metros de altura. El planeta, un gigantesco océano de plasma de comportamientos antinaturales, y se dice que conscientes, ha supuesto durante décadas el mayor reto científico al que se ha enfrentado el Hombre en toda su existencia. Una vez llega a la estación, Kelvin se encuentra con un panorama insólito y claustrofóbico: un científico suicidado, otros dos convertidos en personas erráticas y desconfiadas, y por si fuera poco, la presencia de extraños visitantes ajenos a la estación, entre los cuales, Kelvin se reencontrará con Harey, su amada, fallecida años atrás…

En nuestro diccionario de la lengua española existe una palabrota de esas la leche de raras que es epistemología, definida como la “doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico”. Es decir, que se trata de la disciplina filosófica que estudia la teoría del conocimiento fundamentada en la ciencia, y se encarga de cuestionarla formulando preguntas de este estilo: ¿puede ser la ciencia capaz de explicarlo todo? ¿Se trata de una visión universal de la realidad, o está siempre condicionada por el punto de vista del Hombre? Al gran escritor polaco Stanislaw Lem siempre le interesaron este tipo de cuestiones, de forma que una gran parte de toda su narrativa está ocupada por obras que intentan recapacitar acerca de nuestros límites cognitivos, y ponen en tela de juicio la visión antropocéntrica con la que, sin darnos cuenta, lo valoramos todo a nuestro alrededor. Solaris se enmarca dentro de este grupo de obras. Y no sólo se trata de su novela más conocida; tal vez su obra maestra. Lem creó todo un monumento de poderosas descripciones, atmósferas malsanas que absorben al lector y una potente carga emocional, en el que el hombre viaja a las estrellas a su encuentro con lo desconocido, y acaba por conocerse más a sí mismo.

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Viendo… ‘La Novia de Frankenstein’ (‘The Bride Of Frankenstein’; 1935), de James Whale.

16 julio 2009

To a new world… of gods and monsters!

por Atreus.

PhotobucketLa Criatura de Frankenstein, uno de los iconos más importantes de la literatura y el cine universales, y figura central de películas como esta absoluta genialidad, nació en la mente de Mary Wollstonecraft Godwin, posteriormente Mary Shelley, durante un sueño que tuvo una noche de 1816.

La historia es bastante conocida: ella, su futuro marido Percy Shelley y el médico y escritor J. W. Polidori entre otros eran los ilustres invitados de Lord Byron en la Villa Diodati, a orillas del Lago de Ginebra en Suiza. Debido a la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, ese fue “el año que no tuvo verano”, y las continuas tormentas veraniegas les obligaron a permanecer diversos días recluidos en el interior de la casa, compartiendo la lectura de diversas obras de la literatura gótica alemana al calor del fuego. Una noche, el excéntrico Lord Byron propuso que cada uno de ellos escribiera una historia de espanto, y fue así cómo días más tarde, sumándose a las particulares circunstancias de aquellos días ciertas conversaciones acerca de temas escabrosos relacionados con los misterios de la alquimia y las posibilidades de devolver vida a los cuerpos fallecidos, todo acabó confluyendo en la mente de la futura escritora durante la noche del 21 al 22 de Junio, hace exactamente 193 años.

Terminada y finalmente publicada dos años más tarde gracias a la ayuda de Percy, la novela Frankenstein o el Moderno Prometeo desvelaría el lado más oscuro del alma humana mediante una historia que sorprendería y aterrorizaría a generaciones de lectores, y a la cual, en palabras de Juan José Plans, se le nota una especial sensibilidad femenina en su reflexiones sobre la soledad y el desprecio social que hace que nos compadezcamos más del ser que de su creador.

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