h1

Viendo… ‘Terciopelo Azul’ (‘Blue Velvet’; 1986), de David Lynch.

8 septiembre 2009

Fisgoneando tras el telón del Sueño Americano.

por Atreus.

PhotobucketAl son de la sugerente canción Blue Velvet de Bobby Vinton, David Lynch abre su película con una presentación de la imaginaria (en todos los sentidos de la palabra) ciudad de Lumberton, a través de diversos planos idílicos que rezuman paz y felicidad. El cielo luce azul, la gente saluda sonriente, los jardincitos se muestran paradisíacos, y el color de las flores contrasta con el blanco nuclear de las vallas. Todo parece perfecto y tranquilo. Pero cuando un hombre que hasta ese momento regaba su jardín sufre un infarto, cuando la enfermedad hace un abrupto acto de presencia en ese entorno de ensueño, la cámara se adentra en la tierra, por debajo del impoluto césped, y nos muestra la podredumbre malsana y asquerosa que se retuerce bajo ese mundo.

Apenas en esos dos o tres primeros minutos, Lynch nos resume de la mejor forma posible el que será uno de los grandes temas recurrentes de su universo particular. El cineasta, que a partir de esta gran obra utilizará el cine para explorar sus propias ideas acerca de las máscaras y de los opuestos, de las interpenetraciones entre la realidad y la irrealidad, la luz y la oscuridad, el mal y el bien y los sueños y la vigilia, nos muestra en Tercipelo Azul su particular visión de la América profunda, un mundo idílico construido en base a un determinado ideal, que se estremece cuando es confrontado con su opuesto, la realidad oculta. Ese ideal, que todos conocemos mediante la acertada expresión “Sueño Americano”, es el mundo en que viven los protagonistas de esta historia, interpretados por dos actores recurrentes en la filmografía del director: Kyle Maclachlan, tras debutar en Dune (1984) y antes de hacerse mundialmente famoso con su papelazo de agente Cooper en Twin Peaks (1990); y Laura Dern, que repetiría con Lynch en Corazón Salvaje (1990) y recientemente en ese rayadón psicotrópico titulado Inland Empire (2006)…

Photobucket

El personaje de MacLachlan es Jeffrey Beaumont, un joven que tras visitar a su padre en el hospital después de que este sufra un infarto, encuentra abandonado en un descampado el que será el “McGuffin” de la función: nada menos que una oreja humana llena de hormigas, algo tan bizarro como antinatural en ese entorno de ensueño. Incapaz de retener la curiosidad y el morbo, ante la pasividad de los policías de Lumberton, el joven decidirá abrir su propia investigación de los hechos, a la que se acabará sumando la joven Sandy Williams (Dern). Es entonces cuando los personajes acaban siendo absorbidos por un mundo extraño de mal, perversidad y motivos tenebrosos, de una manera que Lynch simboliza con un sugerente plano en que la cámara se introduce poco a poco, como si se tratara de una inmersión en el “túnel de los horrores”, en el interior de esa oreja cercenada que habrá escuchado cosas prohibidas.

Así, los sucesos les conducen a su encuentro con la bella Dorothy Vallens (Isabella Rossellini, actriz de impresionante pedigree en la sangre que acabó siendo durante años la Señora Lynch), un personaje misterioso, con un lado sensible y otro sombrío y torturado, que anda a caballo entre ambos mundos porque ha conocido el mal (perfecto anticipo de la posterior Laura Palmer de Twin Peaks, por cierto). Un mal perverso que en la película es representado por el malsano criminal Frank Booth, interpretado por un Dennis Hopper desfasadísimo que acaba creando un personaje tan extravagante como aterrorizador (el momento sexual en que grita “Baby wants to fuck!” no podría ser más perturbador, joder…).

Photobucket

Lynch, al construir su película en base a la investigación “voyeur” de los sucesos por parte de sus dos protagonistas, aporta intencionadamente numerosas reminiscencias visuales y argumentales con uno de los mayores referentes cinematográficos de las consecuencias del voyeurismo entendido como meter las narices donde no nos llaman: La Ventana Indiscreta. Ahí tenemos, por poner otro ejemplo, esa estética anacrónica de carácter idílico que amontona referencias de la década de los cincuenta y sesenta, época representativa del Sueño Americano y en la que se desarrollan ese y otros clásicos del gran Hitchcock, o la misma dualidad entre mujeres rubias y morenas, tan típica del cine del gordo inglés.

Repleta de misterio, humor negro, personajes memorables, con una buena progresión dramática a modo de descenso a los infiernos, y contando además con la primera de las fructíferas colaboraciones entre el cineasta y el genial compositor Angelo Badalamenti, Terciopelo Azul es la película en la que Lynch afianzó por fin su personal estilo cinematográfico. Gran parte de los conceptos, elementos y formas que contemplaremos en su filmografía posterior, tanto en términos estilísticos como argumentales e incluso musicales, tiene su origen en esta película y se sintetizan aquí por primera vez. Pongamos como diferentes ejemplos su gusto por los escenarios teatrales, los cortinados, el uso simbólico de los colores rojo (pasión, fuerza, amenaza) y azul (los sueños), los números musicales “jazzísticos” que en ocasiones suelen aportar información sobre la trama, y particularmente esa plástica teatral a la hora de planificar ciertas escenas, gracias al uso de los grandes angulares, los contrastes cromáticos y la distribución de objetos y personajes en los encuadres de imagen, como si se tratara de lienzos en movimiento.

Photobucket
“-Qué extraño… Juraría que ese de ahí fuera se parece a Pedrojota…”.

No es de extrañar, por tanto, que la vocación de Lynch siempre haya sido la de pintor, según sus propias palabras, y que afirme que su cine parte de la idea de utilizar la pantalla como si fuera un lienzo en el que poder componer “cuadros en movimiento”. Y si seguimos el ejemplo de la pintura surrealista, que en cierto modo se fundamenta en la transmisión de ideas o conceptos comunes por medio de la abstracción, descubrimos que en esto consiste el estilo del cineasta, en mayor o menor medida: transmitir una visión de lo cotidiano por medio de técnicas visuales o argumentales estilizadas, alejadas del sentido de la lógica, e incluso apoyadas en el uso de imágenes simbólicas, metáforas o simplemente rayadas mentales que pueden tener mucho significado… o ninguno. Es por querer enmascarar, con tanta parafernalia, historias o mensajes simples y sencillos que bien podrían ser rodados de maneras más sencillas y ordenadas, por lo que Lynch suele ser acusado de pretencioso. Pero esto no lo considero acertado, ya que si así fuera, Lynch dejaría de ser Lynch de la misma forma que, volviendo al ejemplo de la pintura, Bacon dejaría de ser Bacon o Munch dejaría de ser Munch si les obligáramos a pintar como lo hacía Delacroix…

De cualquier forma, es obvio que Lynch se sirve de las inquietantes sensaciones que se pueden desprender cuando asistimos a estas particulares rupturas de lo cotidiano, para contarnos sus historias. Porque el cineasta, que no tiene un pelo de tonto en su revuelto peinado, sabe muy bien (al igual de Cronenberg, Carpenter, Dick y tantos otros a sus respectivas maneras y estilos) que lo que más nos produce angustia no es un asesino corriendo tras nosotros, o caminar por la superficie de un planeta desconocido y hostil… sino cuando lo aparentemente cotidiano se vuelve repentinamente extraño e irreconocible.

Photobucket

El Sueño Americano no es más que un bello cortinado de terciopelo tejido con falsas apariencias; una imagen idílica con la que consciente o inconscientemente las personas se ocultan de sí mismos y de todos los males que les rodean; concepto que posteriormente recuperaría el gran M. Night Shyamalan para darnos su particular visión de nuestra sociedad en su tan incomprendida obra maestra The Village (aquí traducida por algún imbécil como El Bosque).

Anticipándose a Matrix y otras historias de personajes que despiertan a la realidad del mundo, Lynch nos propone en Terciopelo Azul una rasgadura del American Dreamin’, a través de la cual los curiosos protagonistas fisgonean y acaban dándose de bruces con la oscura realidad. Pero lejos de dar a su película un cariz aleccionador, Lynch abre el plano y aleja su punto de vista, desde donde las ideas de “bien” y de “mal” son apenas dos polos opuestos construidos en base a ideales morales, y a través del cual comprobamos qué sucede cuando un mundo o ideal es confrontado con su opuesto o negación.

PhotobucketIsabella Rossellini y el Lynch durante el rodaje.

Y al final… todo vuelve a su cauce. El mal es extirpado, y los personajes continúan viviendo felices y comiendo… petirrojos animatrónicos. El telón de terciopelo azul cae de nuevo sobre el escenario, y el verdadero espectáculo teatral continúa. Toma ya.

Tal es la particular visión de Lynch de la América profunda, en posiblemente una de las mejores películas americanas de aquella década. Y del mismo modo que la mayor parte de su filmografía, a mí me parece alucinante.

Y como siempre, todo comentario es bienvenido. 😉

Anuncios

9 comentarios

  1. Hola Guillermo

    Lo que no logro comprender es como la gente denosta a un director de la inteligencia de Lynch, director que te hace reflexionar y que no toma por tonto al espectador.

    A la mayoría del público le gusta que les den las cosas mascadas. Con Lynch no hay cabida para el discurso fácil y la puesta en escena de cada personaje, de cada objeto, tiene su razón de ser, Linch no deja nada al azar y es muy meticuloso en todo.

    El cine que realiza requiere de la participación del espectador, en casi todas sus películas se hace imprescindible que te involucres, pero el esfuerzo termina mereciendo la pena.
    Terciopelo azul, me gusta mucho, es una gran película, pero yo me decanto por “Carretera perdida”, siento debilidad por ella. En ” Lost Highway ” abundan los personajes extraños ¿quizá el subterfugio de una mente paranoica? Asimismo es un film caótico, muy oscuro e inconexo, a lo que Lynch denomina “fuga transgénica”. Con Patricia Arquette como femme fatal.

    Por cierto, ¿qué opinión te merece a tí Lost Highway?

    Buen trabajo Guillermo, nos leemos.

    Un saludo,

    Carlos


  2. Hola de nuevo, compañero. ¡Gracias por tu interesante comentario!

    Personalmente, todo aquello que critiquen las grandes masas de “espectadores medios” me la trae al pairo. Pero es cierto que las propuestas de Lynch suelen ser tan criticadas como queridas dentro de la propia comunidad cinéfila, tal vez porque una vez se averigua lo que el tío más o menos quiere decir en sus películas más personales, estas se quedan un poco más huecas. Es una opinión totalmente respetable, pero yo no la comparto. Probablemente haya cineastas que sepan representar “mejor” lo onírico (hace poco hablamos de Tarkovski, por ejemplo), pero el estilo de Lynch también me parece muy genuino, y único por cómo se fusionan sus imágenes con las ambientaciones musicales de Badalamenti. Y cada vez que vuelvo a ver sus películas, sigo sintiendo la misma fuerza del primer contacto. Vamos, que para mí no pierden nada.

    ¡’Lost Highway’ es cojonuda! Un paso más allá hacia la “tenebrosidad” que Lynch fue ganando de peli en peli. Es cierto lo que dices que representa en imágenes ese concepto psicológico denominado fuga psicogénica (no transgénica como has dicho, jeje); también leí algunas cosas acerca del concepto de la llamada “Cinta de Möbius”, esa cinta que aparenta tener dos caras pero que en realidad es tan sólo una, y que sirve como representación de demencias psicológicas como la descrita en la peli. Lo malo es que sólo la vi una vez, y hace cuatro añitos, ya…

    Por cierto, la que más me gusta de todas -junto a la serie Twin Peaks, claro- es ‘MULHOLLAND DRIVE’. Qué maravilla. ¿Cuantas representaciones hay en el cine de lo que es un sueño, tan buenas como esta?


  3. La verdad es que este tío, por mucho que le moleste a muchos en un director de los que vale la pena pillar referencias tanto en la parte de dirección, así como en lo visual o musical.
    Desde momentos de una plasticidad teatral como el momento de la maravillosa versión de Roy Orbison de Mudholland Drive, a momentos impactantes como el de Laura Dern dando tres golpes a sus zapatos como una Dorothy, que quiere evitar, una realidad para ella horrible.
    Desde luego amigos, no cabe duda de que Lynch, es algo más grande que la coca cola.
    Gracias por mostrar comentarios tan interesantes de un fenómeno cinematográfico como Lynch. No os perdais Surveillance, de su hija o sobrina, no sé, que vale la pena ver. Las influencias se notan.
    Ah, y arriba Patrich Swazye y Le llamaban Bodhi.


  4. Gracias por tu comentario, Pitiflu, y especialmente por la recomendación de la película de la hija de Lynch. Anotada queda 😉 Y muy de acuerdo con tu opinión.

    PD: y sí, descanse en Paz Patrick Swayze, que luchó hasta el último momento, y descanse en Paz también el gran Karl Malden, fallecido hace unos pocos meses y que era uno de los grandes secundarios de lujo del cine americano.

    Saludos.


  5. He llegado aqui por casualidad buscando cosas sobre Galáctica la cual acabé ayer de ver entera de un tirón después de un par de meses. Como tampoco es cuestión de poneros comentarios en casi todas la entradas me entretengo al menos con esta ya que David Lynch a veces me fascina a veces me desespera, lo cual es consecuencia del riesgo de sus propuestas, y que yo personalmente agradezco. Aunque soy de las que no puede con “Carretera perdida” soy de las que en cambio adora “Mullholland Drive”. De hecho cuando alguien me ha pedido que si tanto me gusta que se la explique porque no la entienden les digo que la cuestión no es poner orden en la película sino disfrutar de las sugerencias, de sus escenas hipnóticas, de intuir lo que puede (o no) ser en ella, de sus idas y venidas (o al revés). Entiendo al que no le guste su propuesta pero no es de recibo que te digan que no te gusta porque no la entiendo porque si de eso se trata apaga y vámonos. Y por supuesto “The straight story” es la prueba de que un narrador extraordinario, una historia llamemosla convencional por aquello de que tiene principio y final contada de manera exquisita. Por no hablar de “Twin Peaks”, el planeta Kobol de lo que se hace ahora en televisión. Un saludo, os enlazo y a partir de ahora os sigo…


  6. […] en su maravillosa película Terciopelo Azul (podéis leer mi análisis de la misma clickando AQUÍ), en especial ese análisis minucioso sobre la cara tenebrosa que se oculta bajo la cotidianidad de […]


  7. Todo director tiene su obra cumbre. Esta es la de Linch, pocas veces su cine tan personal logra llegar como en este caso hasta el espectador. Que contempla una catarata visual de escenas, a las que si puede dar sentido.
    Si con sus obsesiones características, pero por una vez dejando de lado sus intrincados guiones. Para construir una obra que pasara a la historia del cine, con letras de las grandes. Saludos


  8. Gracias por el comentario plared. Estoy de acuerdo contigo. Tan sólo matizaría, eso sí, tu frase de “por una vez dejando de lado sus intrincados guiones”, ya que a excepción de su debut ‘Eraserhead’, Lynch todavía no le daba a los guiones ultra-intrincados y abstractos. 😛 Vamos, que el gustirrinín le fue incrementando precisamente a partir de esta joyaza de película.

    ¡Saludos!


  9. Cierto lo que dice Atreus. Además, hay que recordar que cuando se decidió a volver a un guión “simple” se cascó una de sus tres mejores películas, Una Historia Verdadera.

    Un grande, este hombre. Y Linch también.



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: