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Leyendo… ‘Solaris’ (1961), de Stanislaw Lem.

6 agosto 2009

Antropocentrismo y tragedia humana en las estrellas.

por Atreus.

PhotobucketEl psiquiatra Kris Kelvin es enviado a la estación espacial Solaris, que toma su nombre del planeta sobre cuya superficie se mantiene a pocos centenares de metros de altura. El planeta, un gigantesco océano de plasma de comportamientos antinaturales, y se dice que conscientes, ha supuesto durante décadas el mayor reto científico al que se ha enfrentado el Hombre en toda su existencia. Una vez llega a la estación, Kelvin se encuentra con un panorama insólito y claustrofóbico: un científico suicidado, otros dos convertidos en personas erráticas y desconfiadas, y por si fuera poco, la presencia de extraños visitantes ajenos a la estación, entre los cuales, Kelvin se reencontrará con Harey, su amada, fallecida años atrás…

En nuestro diccionario de la lengua española existe una palabrota de esas la leche de raras que es epistemología, definida como la “doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico”. Es decir, que se trata de la disciplina filosófica que estudia la teoría del conocimiento fundamentada en la ciencia, y se encarga de cuestionarla formulando preguntas de este estilo: ¿puede ser la ciencia capaz de explicarlo todo? ¿Se trata de una visión universal de la realidad, o está siempre condicionada por el punto de vista del Hombre? Al gran escritor polaco Stanislaw Lem siempre le interesaron este tipo de cuestiones, de forma que una gran parte de toda su narrativa está ocupada por obras que intentan recapacitar acerca de nuestros límites cognitivos, y ponen en tela de juicio la visión antropocéntrica con la que, sin darnos cuenta, lo valoramos todo a nuestro alrededor. Solaris se enmarca dentro de este grupo de obras. Y no sólo se trata de su novela más conocida; tal vez su obra maestra. Lem creó todo un monumento de poderosas descripciones, atmósferas malsanas que absorben al lector y una potente carga emocional, en el que el hombre viaja a las estrellas a su encuentro con lo desconocido, y acaba por conocerse más a sí mismo.

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Lem, nacido en Polonia en 1921 y fallecido en 2006, poseía una gran formación en ciencia y filosofía y dejó tras de sí una obra muy rica en formas y estilos. No sólo se centró en la Ciencia-Ficción “epistemológica”, como sucede con la obra que nos ocupa, sino que también desarrolló sátiras, relatos de humor, novelas de investigación y misterio, e incluso una serie de ensayos inusuales con los que a menudo se le compara con Borges. Hasta este momento, de Lem he leído Diarios de las Estrellas (de 1957), colección de relatos satíricos con la que ya me estaba descojonando de risa a las dos páginas, y la absolutamente impresionante Fiasco (de 1986), que después de tres años ya tengo unas enormes ganas de volver a su alucinante narración. Recientemente he podido terminar Edén (de 1959), y en mi lista de espera tengo Retorno de las Estrellas (de 1961). De todas ellas, Solaris es la única que he leído tres veces y ha llegado a convertirse en una obsesión personal, hasta el punto que ya deseo darle una cuarta lectura. Y gracias a todas, Lem es hoy día, sin duda alguna, uno de mis escritores favoritos.

La trama epistemológica de novelas como Edén, Fiasco o esta Solaris (y según tengo entendido, de muchas otras), gira en torno al mismo planteamiento: la imposibilidad de sus personajes en establecer contacto con entidades extraterrestres. Lem coloca a sus personajes frente a una situación de posible contacto; estos investigan, teorizan, piensan y experimentan sirviéndose del Método Científico hasta sus límites, pero siempre en vano, y con la gran amargura que conlleva el asumir nuestras limitaciones. La ciencia, como herramienta desarrollada por el Hombre, es imperfecta y limitada, está condicionada a nuestra innata visión antropocéntrica de la realidad, y por ende, es incapaz de explicar todo aquello que sobrepase los límites de nuestro raciocinio.

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Este palpable aura de pesimismo, presente en la mayor parte de toda su obra, pudo haberse debido al triste espíritu de postguerra europea de la época en la que creció. Tal vez, esa imposibilidad de entendimiento mutuo que nos caracteriza como especie, causante de tantas y tantas miserias, fue lo que le hizo gestar sus ideas. Este espíritu es palpable incluso en sus numerosos relatos humorísticos, como los contenidos en Diarios de las Estrellas, sátiras en las que no es difícil intuir una furibunda crítica hacia el hombre y la sociedad.

En el caso de Solaris, la novela que nos ocupa, tenemos al Lem científico, sabio y profundo de siempre, equilibrando esta vez su obra (y de qué manera) con una trágica historia de amor que saca a la luz el lado más pasional del escritor polaco.

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Hay que admitir que, tanto el autor como esta obra, no serían hoy en día tan conocidos de no ser por sus varias adaptaciones al cine; y al contrario de lo que se piensa, no han sido dos sino tres las versiones fílmicas que se han hecho de Solaris. En 1972, el ruso Andrei Tarkovsky rodó su acercamiento personal a esta novela, produciendo una película de muchas lecturas que consigue encuadrarse a la perfección dentro del estilo de cine simbólico y contemplativo del director de Stalker. Es larga y atmosférica, muy introspectiva acerca de la naturaleza del Hombre y sus relaciones con lo que le rodea, y posee imágenes de gran intensidad gracias a su fuerte ambientación onírica. En aquellos años, fue vendida como la respuesta soviética al 2001 de Kubrick, obra maestra de la humanidad. Pero si exceptuamos el ritmo pausado de ambas, el género en que se enmarcan, y el hecho de que multitudes de personas se soban viéndolas, la verdad es que son como un huevo y una castaña.

En 2002, con producción de James Cameron, el siempre interesante Steven Soderbergh rodó la tercera (y, hasta próximas amenazas de Hollywood, la última) adaptación. Protagonizada por su compañero George Clooney, y distanciándose todavía más de la novela dejando de lado cualquier reflexión epistemológica, la película se centra en la historia de amor aportándole un carácter (y final) metafísico, y planteándonos si vale la pena aferrarse a nuestro mundo real cuando el mundo onírico nos ofrece mucho más. Huelga decir que la película se decanta por el sí.

Pero mucho antes de Sodenbergh, antes incluso que Tarkovsky, en el año 1968, un director soviético llamado Boris Nirenburg rodó la primera de todas ellas; una producción en blanco y negro para la televisión rusa, de la cual no se supo absolutamente nada fuera de las fronteras del país durante más de treinta años debido a la implantación de aquella barrera política, social y cultural que fue conocida como El Telón de Acero. Poco más se sabe de ella, pero, de momento, han sido rescatados y subidos al YouTube unos cuantos fragmentos como el que podéis ver a continuación, con unos subtítulos en inglés que se agradecen infinitamente:

Se trata de una representación, casi diríamos que teatral, de un momento de la novela que es puro diálogo. Los actores parecen recitar el propio texto original de Lem en lugar de un guión adaptado, y como explica el propio usuario que subió el fragmento, la fidelidad del film es bastante superior a la de las siguientes adaptaciones. Sin embargo, a pesar de un recital tan fiel, son muchos los matices que se pierden del papel a la imagen, disipándose por lo tanto la intensidad que, al menos, domina ese momento en la novela.

Porque si hay algo que tengo que mencionar, es que desde el punto de vista literario, atendiéndonos a descripciones de ambientes, sensaciones, personajes y las conversaciones que surgen entre ellos, todo en Solaris es de primer orden, y Lem lo consigue con una admirable economía de recursos.

Me ahogaré entre los hombres, me dije. Seré taciturno y atento, un compañero apreciado. Tendré muchos amigos, hombres y mujeres, y tal vez incluso una mujer. Durante un tiempo tendré que esforzarme en sonreír, saludar con una pequeña inclinación, enderezarme, ejecutar los miles de pequeños gestos que componen la vida en la Tierra, hasta el día en que esos gestos vuelvan a convertirse en hábitos. Encontraré nuevos intereses y ocupaciones a los que no me daré por entero. No, nunca más me daré por entero a nada ni a nadie. Y quizá de noche miraré allá arriba la nebulosa oscura, cortina negra que vela el resplandor de dos soles. Y recordaré todo, hasta lo que pienso en este momento; con una sonrisa pesarosa, rememoraré mis locuras y mis esperanzas. Y nadie se atreverá a juzgarme.”

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Por su contenido, la novela podría dividirse en dos tramas paralelas, una que atañe al terreno personal de Kelvin y otra que atañe a la ciencia.

Las primeras páginas, destinadas a narrarnos la llegada de Kelvin y sus impresiones de todo cuanto acontece en la estación, están dotadas de una gran fuerza descriptiva, y, con un gran cuidado con su prosa, Lem consigue provocar temor e inquietud en los lectores. Una breve, pero efectiva aproximación al género de terror para la que utiliza varias de las constantes más habituales de la Novela Gótica clásica, y que antecede a lo que será el gran foco de esta trama: la intensa historia de la pareja protagonista, Kelvin y Harey, salpicada de dilemas morales y reflexiones sobre la identidad que recuerdan vivamente a Blade Runner (¿habrá sido la Harey de Solaris una de las inspiraciones de Hampton Fancher a la hora de describir la angustia de Rachel?) y que, en el fondo, parece ser una especie de revisión libre del conocido mito de Orfeo y Eurídice.

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De una forma paralela, tenemos la trama epistemológica de la historia. Kelvin mantendrá diversos encuentros con los otros dos científicos de la estación, Snaut y Sartorius (geniales personajes, muy bien definidos), surgiendo unas magníficas conversaciones a través de las cuales los personajes intentarán desentrañar los misteriosos sucesos de la estación, y, que es lo mismo, encontrar una explicación a los comportamientos del planeta Solaris.

Al mismo tiempo, Kelvin visita en diversas ocasiones la biblioteca de la estación, con el propósito de dar un repaso a los cientos y cientos de volúmenes, estudios y ríos de tinta que durante décadas la Humanidad ha gastado en vano en su estudio del misterioso planeta: la Solarística. Y es entonces cuando el autor aprovecha para presentarnos una de sus más conocidas firmas personales, presente en muchos otros de sus libros, y una de las características que más suelen sorprender a los lectores primerizos: sus largas, densas y fascinantes disertaciones acerca de fenómenos o conceptos científicos, que se extienden durante páginas y páginas. En Solaris, Lem nos expone numerosas teorías, nos narra misteriosos sucesos relacionados con el planeta, y pone a prueba la imaginación de los lectores con sus milimétricas descripciones de “Mimoides”, “Simetríadas”, “Longus” y otras tantas manifestaciones físicas del océano, tan bizarras como inabarcables para nuestro entendimiento. En estas páginas su estilo narrativo se torna diferente, más pesado; quizá, en opinión de muchos, para reflejar intencionadamente la vanidad de una ciencia moribunda que ha acabado siendo vencida por el reto de Solaris, el enigma que ha ultrapasado el raciocinio de nuestra especie, concediéndonos una única afirmación: nuestras limitaciones.

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Representación aproximada de una Simetríada.

Estas dos diferentes tramas se mantienen bien hiladas la una a la otra por arte de Lem a través del magnífico desarrollo narrativo de la novela, y se mueven juntas hasta confluir en lo que es el sentido global de la misma: un relato sobre la condición humana, nuestros anhelos y nuestros sueños, sobre nuestras grandezas y posibilidades, y nuestras miserias y limitaciones, referido no sólo a nuestro propio mundo interno, sino también al mundo que nos rodea y nuestra forma de verlo a través de esa herramienta de la “gnosis” que hemos llamado ciencia.

Aún cuando el hombre hubiese explorado todos los rincones del Cosmos, aun cuando hubiese encontrado otras civilizaciones, fundadas por criaturas semejantes a nosotros, Solaris seguiría siendo un eterno desafío.”

El planeta Solaris, un océano, símbolo del subconsciente, es el espejo metafórico en el que se reflejan nuestra conciencia, nuestros fantasmas interiores, y todo aquello que el saber humano, mediante sus rudimentarias herramientas, nunca llegará a vislumbrar. Un Prometeo portador de secretos con el que jamás nos podremos comunicar; y la imposibilidad de los protagonistas en poder acceder a ese conocimiento, la impotencia del Hombre imperfecto y de su ciencia imperfecta por no poder conocer aquello que es ajeno a nuestra propia naturaleza, es el sentido epistemológico de esta grandiosa novela de Lem.

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Una novela sin duda hermosa, que a muchos puede suponer un antes y un después en la forma de pensar muchas cosas.

Y como siempre, todo comentario es bienvenido. 😉

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22 comentarios

  1. Hola.

    Había leído del Lem las absolutamente maravillosas, irónicas, desternillantes y alocadas «Fabulas de robots» y la de las increíbles aventuras de Ion Tychy en «Diarios de las estrellas», catalogando erróneamente a Lem como un escritor con muchísima imaginación pero sin intención de dotar a sus creaciones de mensajes «profundos y transcendentales». Que equivocado estaba. Tras Solaris me di cuenta que había malinterpretado las novelas y que mi torpeza había impedido vislumbrar la crítica social hacia la humanidad y sus defectos.

    Solaris, es de las pocas novelas, junto con algunas partes de la Fundación (ese esperar a ver que decía la cápsula de Hari Seldon) que ha obrado en mí un efecto de atracción de tal forma que apenas podía parar de leer. Sin darme cuenta, estaba viviendo en la estación espacial, y el resto de mi existencia era una incomoda realidad que me impedía conocer lo que ocurría después en la novela.

    Bueno, puede que haya exagerado algo :-), pero esa narración en primera persona con tantos detalles y descripción de vivencias, casi en tiempo real, me sorprendió y fascinó realmente. Y las conclusiones a las que se llega en efecto, marcaron un antes y después en mi, un Asimoviano acerrimo que vio como la veneración a Don Isaac, quedó trastocada para siempre.

    Saludos

    PD: últimamente me meto unos rollos de comentarios que lo flipas, lo siento.


  2. Enlace al sitio web actualizado, perdón

    Saludos!


  3. ¡No me lo puedo creer, lo he puesto mal! Ahora si. Perdón de nuevo.


  4. Jajaja. Pues no lo sientas por tus “rollos”, Lino, pues no sabes cuánto agradezco tu fidelidad hacia este blog, y además con comentarios siempre interesantísimos.

    Además, entiendo perfectamente lo que quieres decir, y concuerdo: Lem sabe atrapar bien al lector, y además con una sencillez admirable. Personalmente me tiene a sus pies con sus conversaciones, por cómo las escribe y estructura, por la cantidad de matices que refleja con un mínimo de recursos; y en el caso de ‘Solaris’, cuando lo leo, siempre deseo que llegue el siguiente encuentro entre Kelvin y Snaut. Y además, sus brillantes discursos son de los que hacen pensar. Qué pena que no se reconozca tanto su enorme valor fuera de este género.

    Te haré una recomendación que seguro que me agradecerás: tu siguiente paso ha de ser ‘FIASCO’. En serio. Si no lo has leído, aparta a un lado tu lista de espera, cómpralo, que lo tienes baratito en ed. de bolsillo de Alianza Editorial, y ya verás qué-pa-sa-da. Y con un final que deja a uno A CUADROS. De verdad.

    ¡Saludos!

    PD: ¿ya habías oído acerca de la película de ‘Solaris’ de 1968?


  5. Los dialogos son sorpendentes, definen sicologicamente a sus autores con precisión extraordinaria, y además, según me parece, son interculturales, es decir, valen tanto para la antigua URSS como, para el resto de la vieja Europa como los EUA.

    Creo que le ha faltado a Lem quizás algode “marketing” para calar en el mundo occidental con el tratamiento que se merece.

    Y si, es verdad, me ha sorpendido gratamente esa versión desconocida en plan esas antiguas obras de teatro adaptadas a la TV que hacían en el antiguo “UHF” (esto solo lo entenderan los “viejos rockeros”), no solo por la novedad, sino por la interpretación de la obra y su adaptación.

    Tambien me ha gustado ese analisis de la obra sobre la critica o llamamiento a un cambio epistemológico, es decir, de la forma en la queel mundo ceintífico ha de afrontar la resolución de problemas y el avance en el concimiento. Estoy totalmente de acuerdo con Lem y tal vez sea necesaria una cura de humildad de una comunidad científica encumbrada y puede que demasiado bien pagada, que se aprovecha del trabajo de generaciones de antiguos científicos que se tuvieron que enfrentar a lo desconocido, en un mundo rodeado de magia y misticismo pero que servía de contrapunto para esa necesaria introspección y espiritualidad que el ser humano necesita para enfrentarse a ese mundo ignoto aún por descubrir con valentía y decisión, no prepotencia y una seguridad dada por las escasas fronteras que quedan por traspasar solo superadas gracias a ese antiguo trabajo de tantos valiosos hombres y mujeres que hicieron uso de su imaginación, genio e intuición para darnos el mundo controlado actual, pero que sin darnos cuenta nos acomoda para enfrentarnos a nuestro próximo desafío: el espacio.

    PD: ¿no quierías rollo?, ¡pues toma! 🙂


  6. ¡Ah! se me olvidaba. Tomo nota de lo de “FIASCO”

    Saludos


  7. Excelente reseña para excelente escritor y además de estar muy pero que muy bien documentada, desde luego es todo un gusto leeros.

    Respecto al apartado cinéfilo no conocía la versión del 1968 de Boris Nirenburg, intentaré buscarla, ya tengo el mono, tengo que verla YA, me habéis puesto los dientes largos.

    Se nota que sabéis de lo que habláis y es todo un placer pasar por este pequeño rincón la mar de interesante.

    Mis más sinceras felicitaciones por este excelente trabajo.

    Saludos


  8. Muchas, muchísimas gracias por tus palabras, compañero. Enhorabuena también por tus textos, que son tremendamente variados, y redactados con mucha claridad 🙂

    Creo que de la versión de Nirenburg, a tenor de la escasa información que hay publicada, es imposible de conseguir más allá de los pocos fragmentos subidos al YouTube, pero a ver si algún año la rescatan por curiosidad.

    Un saludo!


  9. Te recomiendo que leas “Invencible”, que veo que te falta, y que considero maravillosa.

    Estoy seguro que el comienzo de “Alien” con la nave despertándose, lo sacó Dan O’Banon de ésta novela.


  10. Carlos. Gracias por la parte que me toca. Saludos


  11. Vegania, un placer verte por aquí 😉

    Queda anotada tu recomendación de ‘El Invencible’. Es más, acabo de comprobar en casadellibro que está editado (y disponible!) por Minotauro en edición de bolsillo, así que en cuanto tenga tiempo esta semana, correré a comprarlo sin falta. Y uno más a mi pila de libros en lista de espera por leer 😛

    ¡Muchas gracias! Saludos.


  12. ¡Ya tengo FIASCO!

    😀


  13. Muy bien, muy bien, muy bien… ¡Y ahora toca empezarlo!, ¿eh? 😉

    Casualmente hace un rato que me ha llegado un sms de la librería diciendo que me han conseguido ‘El Invencible’. Pero estoy tan liao leyendo otras cosas…


  14. Mientras me regalaban este libro, he empezado uno de Robert Silververg «Muero por dentro». Una detallada descripción de la vida de una persona con poderes telepáticos desde niño, y que de repente con la crisis de los 40, los va perdiendo. Dicen que es una de sus mejores novelas. Aún no le he acabado pero aún siendo buena, prefiero con diferencia la saga de Majipur.

    ¡saludos!


  15. Es lamentable lo mío. El problema es que no sé donde he dejado el ejemplar de «Fiasco» y tengo un lío por casa más bien gordo.

    Pero si, «Cita con Rama» no estaba, y finalmente este si, vamos, supongo que por eso lo escribí porqué la verdad apenas me acuerdo ya.

    Es que hace poco comencé «Mercaderes del Espacio» de Frederik Pohl, por que de este ni me acuerdo.

    Que fuerte.


  16. Ya está, ya. Lo he encontrado y lo he empezado.

    😛


  17. ¡¡Wwuaaaaahh!!

    Que pasada lo de Fiasco, al menos las primeras páginas. Vaya fragmento el del recorrido de Parvis con el Digla por los parajes de Titán, la luna de Saturno. Verdaderamente espectacular, desde los detalles técnicos del Digla (una especie de cruce entre grúa de construcción y Mazinger Z, bueno, ya sabes) hasta la descripción de los increíbles parajes de exotismo mineral, que me recuerdan a aquellas formaciones de Solaris.

    Esto si que es ciencia-Ficción, y no la mariconada de Philip K . Dick

    😀


  18. Me alegro mucho de que te esté gustando. 😉 Como acabo de comentarte en Eternidad, ya verás cuando llegues a las explicaciones acerca de los viajes espaciales, ya verás… Y posteriormente los intentos razonados de establecer un Contacto… Oro puro, Lino.

    …Aunque que conste que he estado a punto de mandarte al horizonte de sucesos Schwartzschild de un Bujero Negro de una patada en el trasero por lo que has dicho de Dick 😀 Jeje.

    Por cierto, qué tal va la de ‘Mercaderes’ desde el punto de vista económico? Hace tiempo que me apetece echarle el guante. Hay por ahí alguna edición asequible de las que tú ya sabes?

    Saludos amigo.


  19. Te contesto aquí y ya continuaré cuando pueda en «la eternidad».

    Si, bueno, estooo, es que no lo he podido evitar. Lo de Lem en Fiasco supera con creces mis expectativas. Estoy a menos de la mitad, pero esto va a más, por lo que veo. Ni Asimov en sus mejores tiempos.

    A mi es que me va mas la Ci-Fi mas dura, sin llegar a las chorradas del ciberpunk, que por cierto beben un poco de Mr. Dick. Pero todo lo digo desde el respeto y el cariño que todo escritor insigne de la ci-fi, me guste o no el subgénero al que se dedique, se merece.

    De «mercaderes», te lo voy a decir claramente: no tengo ni puta idea. Ya sabes como estoy de memoria últimamente, así que no me arriesgo a decirte nada claro. Creo que la edición que tengo la compre en «La Feria del Libro de ocasión», que hacen en Valencia justo antes de Fallas, y donde solía ir a su cita anual. Esto fue cuando ya me había leido todo lo de Asimov, y empecé con otros clásicos, como es este: una distopía imprescindible para todo aficionado al género. Con un final clásico, pero fabulosamente poético.

    La edición que tengo, es efectivamente la primera de bolsillo de Ediciones Minotauro, del año 2002. No pone el precio, por eso creo que es de ocasión.

    ¡Saludos y que la fuerza te acompañe!! ¡¡larga y prospera vida!! y, y, todo eso…

    🙂


  20. Actualmente estoy realizando mi tesis de grado sobre la novela Solaris, he leído tu artículo y me gustaría citar apartados que me parecen muy interesantes, es por ello que quisiera pedirte tu nombre completo para poder realizar la cita en mi trabajo.

    Gracias.


  21. Hola Andrea.

    Si el e-mail que has ingresado para publicar tu comentario es correcto, en breve recibirás un mail con lo que solicitas. Si no, agradecería que dejaras un nuevo comentario con tu email real.

    Muchas gracias por tu interés y… ¡espero poder leer esa tesis algún día! 😉

    Saludos.


  22. Solo pasaba por aqui, buen blog…. Este post me lo lei con todo y comentarios, haha que loco.

    Felicidades gran trabajo. Te agregare a mis feeds.

    Saludos desde Mexico.



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