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Viendo… ‘La Novia de Frankenstein’ (‘The Bride Of Frankenstein’; 1935), de James Whale.

16 julio 2009

To a new world… of gods and monsters!

por Atreus.

PhotobucketLa Criatura de Frankenstein, uno de los iconos más importantes de la literatura y el cine universales, y figura central de películas como esta absoluta genialidad, nació en la mente de Mary Wollstonecraft Godwin, posteriormente Mary Shelley, durante un sueño que tuvo una noche de 1816.

La historia es bastante conocida: ella, su futuro marido Percy Shelley y el médico y escritor J. W. Polidori entre otros eran los ilustres invitados de Lord Byron en la Villa Diodati, a orillas del Lago de Ginebra en Suiza. Debido a la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, ese fue “el año que no tuvo verano”, y las continuas tormentas veraniegas les obligaron a permanecer diversos días recluidos en el interior de la casa, compartiendo la lectura de diversas obras de la literatura gótica alemana al calor del fuego. Una noche, el excéntrico Lord Byron propuso que cada uno de ellos escribiera una historia de espanto, y fue así cómo días más tarde, sumándose a las particulares circunstancias de aquellos días ciertas conversaciones acerca de temas escabrosos relacionados con los misterios de la alquimia y las posibilidades de devolver vida a los cuerpos fallecidos, todo acabó confluyendo en la mente de la futura escritora durante la noche del 21 al 22 de Junio, hace exactamente 193 años.

Terminada y finalmente publicada dos años más tarde gracias a la ayuda de Percy, la novela Frankenstein o el Moderno Prometeo desvelaría el lado más oscuro del alma humana mediante una historia que sorprendería y aterrorizaría a generaciones de lectores, y a la cual, en palabras de Juan José Plans, se le nota una especial sensibilidad femenina en su reflexiones sobre la soledad y el desprecio social que hace que nos compadezcamos más del ser que de su creador.

A lo largo del tiempo, muchas fueron las piezas que adaptaron la obra en la escena teatral desde el mismo año de su publicación, pero fue en 1931 cuando el cineasta británico James Whale presentó la Criatura al mundo a través de la gran pantalla con su film El Doctor Frankenstein, producido por la Universal. Ya bien antes, en 1910, los Estudios Edison habían realizado la que está considerada como la primera adaptación cinematográfica de la obra, un film mudo de dieciséis minutos de duración, que casi se trataría de teatro filmado si no fuera por algunos efectos fotográficos bastante curiosos. Pero fue la obra dirigida por Whale y protagonizada por el insigne Boris Karloff la que convertiría la caracterización del actor británico en un icono cultural, e iniciaría la gran oleada todavía vigente de adaptaciones y secuelas imposibles de otras historias fantásticas, a través de productoras como la misma Universal o la célebre y desaparecida Hammer.

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El Dr. Frankenstein narra los esfuerzos de Henry Frankenstein (Colin Clive) en devolver la vida a los cuerpos inanimados por medio de la ciencia, creando de este modo a un horrendo ser que escapará de su control, y que provocará que la maldición de jugar a ser Dios acabe fustigándole a él y a los suyos hasta que el Monstruo parece morir en el derrumbamiento de un molino en el clímax de la película. Una genial película que, pese a todas sus virtudes, acabaría por ser superada en prácticamente todo por su secuela, aquella de que supuestamente trata esta reseña.

Whale, al principio reacio a aceptar el proyecto para no verse encasillado en el género de terror, optó por la idea de hacer de esta secuela una comedia (de lo que ya se encargaría Mel Brooks en 1974). El guión, mientras tanto, tuvo innumerables versiones y reescrituras, pero la película final (que también sufrió los tijeretazos de la censura de la época por excesos de violencia, referencias religiosas y… ¡escotes!) está salpicada de muchas notas de humor que reflejan esta intención inicial del director.

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Y es que en La Novia de Frankenstein, con un superior acabado en cuanto a fotografía, puesta en escena, diseño artístico, música, simbología, humor y profundidad temática, todo lo visto en su predecesora se multiplica por dos. Ya en el mismo prólogo, la historia comienza con un juego de metanarrativa que es delicioso: en una ultra-gótica y exuberante Villa Diodati rodeada de truenos y relámpagos, Mary Shelley (Elsa Lanchester, ¡quien también interpreta a la Novia!), su marido y Lord Byron recuerdan junto al fuego la historia que ella les relató la noche anterior, la del doctor Frankenstein y su terrible Criatura, mientras la secuencia se alterna con un montaje de escenas del anterior film y otras nuevas a modo de flashback. Y ellos la incitan entonces a inventar una continuación del relato, de modo que lo que vemos posteriormente es, ni más ni menos, lo que la autora les narra. Y este es un punto de originalidad que personalmente me encanta, porque si salvamos las distancias que hay entre los finales de la novela y de la primera película, La Novia de Frankenstein podría funcionar a grandes rasgos como una continuación de la propia obra literaria (a pesar de que esta nueva historia se fundamenta realmente en, al menos, tres secuencias del libro que fueron obviadas en la primera película: la relación de la Criatura con el hombre ciego, el momento en que reclama a su creador que le sea construida una compañera, y en menor medida la aparición de los homúnculos, unos diminutos seres en una escena con unos impecables efectos especiales).

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Así, cuando “la historia dentro de la historia” comienza, nos vemos de nuevo trasladados a ese mundo intencionadamente anacrónico, que mezcla la “estética gótica” con la de inicios del siglo XX, en el exacto momento en que concluía el clímax de El Dr. Frankenstein. A los pies del molino destruido y en llamas, la multitud se dispersa llevando el cuerpo inconsciente del Doctor. Como era de esperar, no tardamos en descubrir que la Criatura ha sobrevivido al incidente, y esta tampoco se demora en cargarse a un par de campesinos que habían participado en la refriega.

Seguidamente, la acción pasa a la mansión de los Frankenstein, con unos decorados exuberantes, magníficamente iluminados por el director de fotografía, y con la cámara de Whale moviéndose en ellos de forma ágil y dinámica. Y a los pocos minutos, a través de la puerta, en una escena que seguro que William Friedkin homenajeó en la magnífica presentación del Padre Merrin en su obra maestra El Exorcista, hace acto de presencia el misterioso Profesor Pretorius (genial Ernest Thesiger), que es la gran novedad de la película y probablemente el mejor personaje de la misma.

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Con un aspecto y presencia que recuerda vivamente a algunos personajes clásicos del expresionismo alemán, Pretorius es quien sucede a Henry Frankenstein en el papel del ambicioso sin límites de turno que jugará a ser Dios, sólo que esta vez alcanzando un nivel superior al sustituir el –en cierto modo, inocente- afán de curiosidad del primero por las viles intenciones del segundo de llevar a cabo un plan maquiavélico, para el que necesitará indefectiblemente la colaboración de Henry.

Sin embargo, el personaje del joven Doctor ha sufrido un proceso de humanización desde el final de la anterior película. Conocedor de la terrible maldición que derivó de sus acciones pasadas, es mostrado como un personaje traumatizado y atemorizado cuyas prioridades son ahora inversas, y que sólo se verá obligado a volver tras sus propios e imprudentes pasos cuando peligre lo que más desea proteger: el amor de Elizabeth (una preciosa Valerie Hobson de 17 añitos, sustituyendo a la Mae Clarke de la primera parte).

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Sin embargo, es la Criatura, protagonista absoluto del film, quien continúa y concluye su arco dramático, evolucionando como personaje de una manera más notable que cualquier otro, y resuelta con brillo y sencillez. En esta película, el monstruo aprende a hablar, aprende a querer, aprende a necesitar… y finalmente aprende lo que significa ser necesitado. Se potencia, de este modo, el carácter crítico con el egoísmo de la sociedad ya presente en la novela de Shelley hasta el punto de aportarle al monstruo un carácter de mártir no exento de cierta ironía religiosa, mostrándolo en multitud de ocasiones como si se tratara de un Jesucristo amorfo que incluso en cierta escena es casi crucificado. De hecho, ya sea mediante secuencias simbólicas como las referidas o la aparición en pantalla de ciertos objetos e indumentarias, la película está repleta de imaginería religiosa por los cuatro costados, alcanzando una presencia más intensa durante una de sus secuencias más bellas y, al mismo tiempo, tristes: su corta estancia en la casa del solitario ciego (el único que, a falta de visión, logra ver a la Criatura en su interior de niño solitario), donde el monstruo, sin ir más lejos, experimenta y acepta la Primera Comunión durante un almuerzo al que no le faltan detalles de la Última Cena.

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Y más tarde, llegados los últimos quince minutos de metraje, todos los valores de la película, tanto los formales como los temáticos, se aúnan con gran intensidad creando la mejor secuencia: la creación de la Novia. Resulta que Whale (a quien, por cierto, podéis ver interpretado por el gran Ian “Gandalf” McKellen en Dioses y Monstruos, de 1998) había sido escenógrafo, lo cual es más que evidente por el gran detallismo puesto en los decorados y la integración de los actores en ellos. Pero al mismo tiempo, era un aficionado del cine expresionista alemán de aquella época, y es en la mencionada secuencia donde aprovecha para, sabiamente, dar rienda suelta a todas sus inspiraciones estilísticas.

Unos decorados asimétricos, llenos de salientes, huecos y paredes torcidas para jugar con los efectos de luces y sombras; un ritmo que va estudiadamente in crescendo gracias al montaje y a la poderosa música de Franz Waxman; los expresionistas juegos de luz que poco a poco aumentan en intensidad; los encuadres torcidos, escorzos forzados y planos cerrados con que se enfocan a los personajes; el trabajo de integración de maquetas; el original ingenio mecánico que surge y el paneo de cámara que lo sigue… Todo, absolutamente todo en este clímax es sencillamente maravilloso. Auténtica plástica cinematográfica, quizá hoy con poca consideración por tratarse de un film de género fantástico y “de Frankenstein”, y que anticipa a la sorprendentemente corta intervención de la extravagante Novia que da título al film, justo antes de que un repentino y muy emocionante segundo clímax nos conduzca a un final directo y sin necesidad de epílogos chorras.

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James Whale nos recuerda a cada visionado de La Novia de Frankenstein, obra clave de todo el género fantástico, que el terror, la reflexión y el humor pueden ir de la mano en una total armonía. Y asimismo, que su película, mucho tiempo antes de El Padrino Parte II o El Imperio Contraataca, es la total negación del conocido dicho “segundas partes nunca fueron buenas”.

Clásico imborrable. No os lo perdáis.

…Y como siempre, todo comentario es bienvenido. 😉

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2 comentarios

  1. Gran pelicula que he tenido ocasion de ver gracias a una coleccion de dvds de las peliculas antiguas de la universal de horror,que sacaron con el diario as hará unos meses.Reconozco que disfrute con la primera aparicion estelar de boris karloff como frankestein y que desilusionado,no vi esta segunda parte despues de haber saboreado el resultado de la momia.A dia de hoy tenia algunas peliculas de esta coleccion pendientes y haciendo caso a la buena critica,he decidido ver la novia de frankestein.Y mi sorpresa fue mayuscula al terminar de verla…

    Pelicula que se hace corta ya que su desarrollo pese a ser profundo,se resuelve de forma rapida, y al mismo tiempo,bien concluida.La profundidad del film,la moralidad que ofrece, y las criticas a la estupidez humanas se hacen patentes a lo largo de este film.La musica nos adentra en una atmosfera realmente oscura, que ni siquiera las ultimas peliculas de estos tiempos como underworld o van helsing,consigue reflejar ni la mitad de bien.Podriamos decir que la pelicula de frankentein marco un mito,y la novia de frankenstein,una obra tan insuperable,como poco reconocida y recordada en nuestros tiempos…

    Tengo 23 años, soy joven para este tipo de peliculas y pese a que me encantan todas,diré que esta es una de esas peliculas que no pueden encasillarse en ninguna generacion,por que sea de la epoca que sea el espectador,disfrutará de sus efectos especiales,musica, y maquillaje sin apreciar desfase alguno,frente a la costumbre de ver peliculas mucho mas avanzadas.(ya quisieran la mitad de peliculas de hoy en dia no parecer desfasadas,en comparacion con esta inmortal obra.)

    Sin mas preambulos,la recomiendo a todo el mundo, y como unico punto negativo añado…que te quedas con ganas de ver una secuela….


  2. Gracias por tu comentario, amigo Iltir. Me alegra mucho saber que hay gente con tu edad que todavía puede ser receptiva para este tipo de cine. Y es cierto lo que dices: ejemplos videojueguiles actuales como ‘Underworld’ o la horrenda ‘Van Helsing’ se centran únicamente en ofrecer entrenenimientos unineuronales, cuando pelis como ‘La Novia de Frankenstein’ demuestran que es posible conjugar a las mil maravillas el entretenimiento para las masas con profundidad y reflexión.

    Un saludo y espero volver a verte por aquí.



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