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Viendo… ‘Doomsday’ (2008), de Neil Marshall.

18 agosto 2008

Un tributo a un modo ya perdido de hacer cine, muy entretenido y salvaje, pero al que se lo acaba llevando el viento.

por Atreus.

PhotobucketTras dos películas como Dog Soldiers (que todavía no he visto, pero de la que Zinho me ha hablado muy bien) y esa joya titulada The Descent, uno de los productos de terror más fascinantes y valientes de la última década, Neil Marshall figura ahora como uno de los cineastas jóvenes más prometedores para el cine fantástico. Con este nuevo film, Doomsday, el británico ha querido construir un homenaje al cine fantástico de “serie B” (es un decir) de los ochenta que más adora y más le ha marcado, y especialmente al de sus ídolos George Miller y su saga de Mad Max, y al Maestro John Carpenter y su 1997: Rescate en Nueva York y su secuela/“remake” 2013: Rescate en Los Ángeles. El resultado un entretenido film de acción gamberra, macarra y altamente valeroso en mostrar toneladas de violencia explícita y salpicante que, en cierto modo, podría haberse titulado algo así como 2035: Rescate en Glasgow, pero que padece de una total carencia de atmósfera, carisma y personalidad por centrarse únicamente en la mera superficie de las películas que pretende homenajear en lugar de su discurso, y al que le acaban dominando las fuertes influencias videocliperas del cine actual.

Mezclando el estilo visual y la estructura de películas como las mencionadas, la historia nos sitúa en un futuro en que Gran Bretaña está dividida en dos por una especie de Muro de Adriano post-moderno, encerrando a Escocia en su interior después de que un virus sin cura comenzara a anegar a su población desde la ciudad de Glasgow. Décadas después del levantamiento de la frontera y de la condena de millones de personas a la enfermedad y la muerte, un brote del virus reaparece de nuevo en Londres. Y ante el descubrimiento de señales de personas todavía con vida dentro de la zona en cuarentena, el gobierno británico decide enviar un equipo de élite al interior de ese infierno en búsqueda de un científico y de una posible cura.

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La guapa Rhona Mitra (quien diez años atrás fue la primera modelo en vestir la piel de Lara Croft, aunque no en el cine) interpreta con bastante solvencia a la protagonista principal, Eden Sinclair, una mujer de personalidad endurecida por culpa de un trauma infantil, que en el fondo es una versión femenina y actualizada del grandioso Snake Plissken (o Serpiente Plissken, como queráis) del mencionado díptico de John Carpenter e interpretado por Kurt Russell. Y a pesar de que en mi opinión el personaje esté insuficientemente concebido (de ello hablaré más adelante), la actriz consigue ajustarse perfectamente al papel, consiguiendo ser más verosímil que otras “ladykillers” como las de bazofias como Aeon Flux o la saga de Resident Evil.

También aparecen por ahí, de vez en cuando, dos viejas glorias como Bob Hoskins, más perdido que un OVNI en Coruscant, y Malcom MacDowell interpretando el papel de Malcom MacDowell. Pero volvamos a la película en sí:

Aunque Doomsday mezcle elementos sacados de las películas anteriormente mencionadas, incluyendo también el Aliens de James Cameron, sorprende (y no para bien) que su estructura siga tal cual la de 1997: Rescate en Nueva York como si se tratara de un puñetero calco. A saber: introducción de créditos en el que se nos cuenta lo sucedido, el protagonista principal siendo llevado ante los poderosos de turno que le deben explicar la misión, momento de prueba de los cachivaches que utilizarán, el viaje hacia el peligroso lugar en cuestión en el vehículo tecnológico de turno, llegada a un lugar aparentemente solitario y la posterior emboscada, secuencia en que el protagonista es atado mientras lo intentan interrogar, momento en que el protagonista debe someterse a una prueba a medio camino entre la lucha y el deporte, etc, etc. Por no mencionar que la protagonista principal también sea tuerta, que el lugar donde se desarrolla la acción sea una zona geográfica totalmente aprisionada, que los simples gráficos de mapas que nos explican la situación en el prólogo son parecidísimos a los de las dos películas de Carpenter, que los villanos de la ciudad también son una especie de punkies (también parecidos a los de la segunda y tercera partes de Mad Max), que la banda sonora de Tyler Bates (demasiado cargante cuando pretende ser emocionante y melódica, miedo me da lo que este tío pueda hacer en Watchmen) sigue muy de cerca el conocido estilo musical electrónico del Maestro, y que hasta el tipo de letra de los rótulos de los créditos iniciales es el mismito que el de la susodicha película.

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Es más que obvio que los homenajes no pretenden estar disimulados. Sin embargo, con tantas referencias intencionadas al cine de su ídolo (¿cómo es posible, yo os pregunto, evitar las comparaciones?), Marshall bien podía haberse fijado en otro tipo de cosas más allá de la mera superficie estilística de dichas obras. Por poner un ejemplo, las motivaciones del personaje principal podrían haber estado más trabajadas: al igual que el mítico Snake Plissken, Eden Sinclair siempre parece estar un paso por delante de cuantos problemas y villanos se le pongan por delante, pero si bien el primero conseguía sus objetivos porque, en su definición de antihéroe al margen de todo y hastiado del mundo, era un hombre capaz de ser más hijoputa que todos los villanos de L.A y N.Y. a la vez, la protagonista de Doomsday da la impresión de que es como es simplemente porque el guionista dice que sí. Lo que en la película de Carpenter se explicaba con un fuerte nihilismo justificado en el asqueroso mundo social y político que mostraba la película, aquí se nos justifica únicamente con la cara de palo de la protagonista y el simple trauma infantil de haber perdido a su madre en los tiempos de la primera plaga. Obviamente no pido las mismas motivaciones que el gran personaje de Kurt Russell, pero, a mí al menos, la base de la personalidad de este personaje no me parece suficiente.

Otro de los aspectos de Doomsday que el director británico también debería de haber cuidado y llevado con un poco de mayor seriedad es la planificación y montaje, pues son un absoluto sindios de desorden y caos que no hace otra forma que confundir, y que en lugar de acercarlo al Maestro que tanto admira, lo acerca a productos videocliperos de actualidad como Underworld o a los horrendos quehaceres de Michael Bay. Yo todavía soy incapaz de comprender qué ventajas puede aportar el filmar todas las secuencias de una película desde mil perspectivas diferentes, sea una persecución o una mísera conversación, y alternarlas todas en el montaje a un promedio de plano por segundo. En lugar de ser más simple y calculador en la puesta en escena con la cámara, Marshall ha acabado rendido a las tristes modas del cine de acción moderno (no recuerdo que The Descent fuera tan excesiva). Así, el rápido y caótico montaje resulta altamente desagradable a los ojos, y la planificación, por si fuera poco, no consigue ni mantener una mínima consistencia: ved cómo en las escenas en el “medievo” Marshall busca “planos gonitos gonitos” con la cámara lenta y a contraluz totalmente sin venir a cuento.

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Esta es, en mi opinión, la mayor lacra del film de Marshall, pues si se hubiera esforzado en contarnos la historia sin tantos efectismos visuales, hubiera llegado a conseguir sin mácula su principal objetivo, que es el de entretener, en lugar de confundir y marear. Como resultado, la película no consigue transmitir ni una sola mínima sensación de atmósfera en los tres diferentes escenarios en que se desarrolla, mientras que Carpenter consigue sin problemas que nos sintamos dentro de las sucias, caóticas y oscuras calles de Nueva York en 1997 con un par de planos bien concebidos y ejecutados.

Y otra importante carencia en sus pretensiones “carpenterianas” es que a la película le falta discurso y “algo” que decir. Esto puede ser considerado como algo impensable en un producto de estas características, pero ya que el principal referente de Marshall ha sido el Maestro y su díptico de Snake Plissken, bien podría de haberle dado al producto algo más de profundidad en lugar de centrarse tan sólo en la superficie, porque si bien hace dos décadas las intenciones podrían haber funcionado, hoy en día si no son acompañadas de “algo” más, los intentos se pueden convertir en intascendentes con mayor facilidad, y es lo que sucede con Doomsday. Las dos películas de Carpenter y Russell fueron las vías de escape con las que el director pudo dar rienda suelta a su profundo nihilismo mediante un mensaje anticapitalista, antifascista, antisocial y antipolítico en general, y son muy ricas en sus fuertes dosis de crítica. Sin embargo, el atractivo y valeroso cascarón de Doomsday no alberga nada en su interior, por desgracia.

Debido a estas pretensiones de homenaje que se quedan a medio camino, los fallos de esta película han acabado por ser, para mí, más notables que sus puntos a favor, que también los tiene. Empezando por su magnífico diseño de producción y por su carácter de film de acción “outsider” y completamente al margen. Doomsday se trata de una película extremadamente gamberra y macarra de esas que son cada vez más difíciles de encontrar en el cine actual, y cuyas intenciones de querer permanecer en otro universo que lo separe del cine de acción común son muy visibles (aunque al final no lo consiga plenamente por culpa de la dichosa puesta en escena) y loables. Para ello se nutre de un enorme valor en mostrar grandes cantidades de carne fresca y sangre, cabezas cercenadas, heridas de bala que revientan, flechas que atraviesan, cuerpos quemados, troceados o brutalmente atropellados, canibalismo salvaje, y demás etcéteras (al menos en la versión Unrated) que hacen las delicias de quienes sentimos carencia de este tipo de cine, y es de agradecer. No obstante, si bien se enorgullece de tener valor como para mostrar tanta violencia, bien podría haberlo tenido también en mostrar algo de discurso, pues son esas las cosas que han hecho que películas como las de Carpenter sigan siendo admiradas hoy en día.

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En definitiva, un producto de acción fantástico para pasar un buen rato entre amigos y especialmente entre personas criadas por el cine de los ochenta; diferente y valiente, pero con la trascendencia de un partido de bádminton.

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4 comentarios

  1. Me encanta vuestro trabajo, si necesitais algún colaborador……… Me presto gustosamente. Si os pasais por mi blog vereis mí trabajo.

    Saludos.
    AP.


  2. Muchas gracias por tus amables palabras Andrés, y especialmente por el ofrecimiento. Mi colega Zinho y yo vamos a nuestro ritmo -tal vez muy lento en algunas etapas, como esta, pero en fin-, pero creo que hablo también en nombre de él cuando digo que la mejor forma que tenéis los lectores para colaborar con nosotros es la de compartir con el resto vuestros puntos de vista sobre las películas que tratamos. Sin duda es lo que más nos agrada 😉

    Y por cierto, he echado un ojo a tu blog y me han gustado MUCHO tus textos. Te cuelgo un link en nuestro apartado de Enlaces Recomendados, ¿ok?

    Saludos!


  3. Hola, muy buena crítica Guillermo / Atreus, casualidades de la vida yo titulé a la crítica de dicha película en mi blog: «”Doomsday: El Día del Juicio”, la “2035: Rescate en Glasgow” de nuestra era.», quién lo iba a decir, y en muchas más cosas coincidimos, si te lees mi crítica. Hay “simbiosis” XD

    He disfrutado mucho leyendo la crítica, tenéis un blog imprescindible 😉


  4. Es que ya te digo, Marshall en esta película no estaba ni mucho menos con ganas de enmascarar sus influencias y sus ganas de homenaje, eh?… Si hasta dos de los personajes se llaman CARPENTER y MILLER…!! 😀

    Lo malo es, como he dicho, que se centra apenas en lo superficial en lugar de lo más marcante, que es el espíritu y el mensaje. Por eso a día de hoy la película ya es casi invisible para mí.

    Y muchas gracias por tus comments, Santi. Cuando tenga más tiempo para internetear, prometo pasarme por tu blog. 😉 Saludos!



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