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Viendo… ‘Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal’ (‘Indiana Jones And The Kingdom Of The Crystal Skull’; 2008), de Steven Spielberg.

24 junio 2008

Lucas, Koepp y Kaminski: el triunvirato del mal.

por Atreus.

PhotobucketMás de un mes después del estreno más esperado de la corta vida de Peliculeros, ya iba siendo hora que saliéramos de nuestro mutismo. Aclararé que por cuestiones personales, no me fue posible ver la película en el cine hasta nada menos que tres semanas después de su estreno; pero las últimas casi dos semanas las he pasado reflexionando, pues era incapaz de escribir algo sin antes intentar aclarar mis ideas y tratar de descubrir qué coño habrá podido ocurrir con este proyecto. En estos momentos necesitaría un segundo visionado para confirmar mis propias ideas, pero… en fin, ya hablaremos cuando el DVD haya salido, y esté de rebajas.

A día de hoy, la película está siendo un éxito total de taquilla al rededor del mundo. Pero por lo visto, en cuestión de críticas no ha supuesto una victoria tan aplastante, ya que ha conseguido dividir a todos, tanto a admiradores de la trilogía de aventuras más bien hecha de la historia del cine, como a meros espectadores. Yo lo dejaré claro desde este instante: aunque haya habido muchas cosas que me han gustado, estoy en el bando de los decepcionados. En esencia, y siendo un total y absoluto amante y onanista reconocido de la filmografía de Steven Spielberg (tanto la de antes de La Lista de Schindler como la posterior), El Reino de la Calavera de Cristal me ha demostrado que, en su intento por hacer cine como el que hacía antes, no sólo ha acabado quedándose en una “tierra de nadie” en la que casi ni se le reconoce, sino que se muestra como un irresponsable por sacrificar esencia y contenido en pro de la espectacularidad hiperbolizada, y por ceder demasiado ante los caprichos de su amiguito George Lucas, al que cada vez detesto más y más.

Ahora, intentaré explicar punto por punto mis ideas:

El guión de David Koepp está repleto de situaciones forzadas, momentos vergonzantes, tremendos errores históricos, reiteraciones pueriles de “gags” (los topos digitales) y secuencias que, en lugar de hacer avanzar la acción, la atascan. Muy, pero que muy lejos estamos ya de los magníficos diálogos y mejor estructura argumental del guión de Lawrence Kasdan para En Busca del Arca Perdida, debido con toda probabilidad al creador mismo de Indiana Jones, George Lucas, el responsable del argumento previo de este film (al igual que los demás) y quien ha sido, como ya explicamos en ESTE antiguo post, el más caprichoso a la hora de seleccionar el guión más adecuado según su particular forma de ver las cosas. Así, el resultado final de El Reino de la Calavera de Cristal se ha quedado, por la torpeza supina de buena parte del guión, más cerca de los Episodios I, II y III de su Star Wars, que de la propia saga a la que se circunscribe.

No obstante, partiendo del hecho de que la fotografía y el abuso de CGIs (efectos especiales digitales) son dos de los aspectos de todo el metraje que más molestos e indignos me resultaron (y de los que hablaré más abajo), tengo que admitir que la película tiene una primera mitad que, aún con algunos fallos, me gustó bastante.

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Aunque ya nadie le llame Indiana Jones, Indy sigue siendo Indy.

Esta vez, la historia se desarrolla en plena década de los cincuenta. Han pasado casi veinte años desde que Indiana cabalgara hacia el horizonte junto a su padre Henry Jones y sus compañeros Sallah y Marcus Brody, en aquel evocador plano final con que concluía Indiana Jones y la Última Cruzada. Ahora el mundo ya no es lo que era, y la forma en que los elementos de esta nueva realidad se nos van descubriendo en la película es muy acertada y realmente deliciosa. Ya el mismo arranque de este nuevo film, con esa carrera en pleno desierto de nevada, esos coches “años cincuenta”, esos jóvenes alegres y rebeldes, y esa música rock’n’roll, es toda una declaración de intenciones. Eran los tiempos de las tensiones entre Rusia y los EE.UU, el caso de Rosswell y los OVNIS, la caza de Brujas, el FBI, las manifestaciones anti-comunistas, los “greasers” rebeldes, los pijos universitarios, el auge de la energía atómica… Eran los tiempos de la Guerra Fría en que todos tenían miedo de todos y comenzaban a aparecer las primeras historias de Ciencia-Ficción en cine, cómic y literatura en que este pánico social era reflejado por medio de catastróficas invasiones de malvados seres del espacio exterior (historias a las que este film pretende, en parte, homenajear; de ahí sus toques de Sci-Fi).

El mundo de nuestro arqueólogo ha cambiado de manera radical, y nos resulta tan extraño como verle a él mismo paseándose por una casa y una cocina totalmente “American Dreamin’” en esa genial escena que nos sorprendente a todos por su anacronismo. De hecho, Indy también ha cambiado y se parece cada vez más a su padre. Ahora es una persona más madura, sabia y melancólica. Una persona que ahora sí le molesta que alguien interrumpa sus aulas, y que observa las fotografías de sus seres queridos desaparecidos con dolor y nostalgia. Una “rara avis”, un dinosaurio de otra era que ya no reconoce el mundo que le rodea, y que tan sólo conseguirá volver a vivir plenamente cuando se enfunde de nuevo sus sucios pantalones, su cazadora de cuero y su fedora, o cuando acabe finalmente con la compañía con la que siempre soñaba.

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Todo este entorno social y político, presentado en la primera mitad del metraje, me pareció una completa delicia, y al margen de una pocas y pequeñas estupideces por aquí y por allí, esta primera parte nos deja las que probablemente son las mejores secuencias de la película en un sin-parar: la presentación de Indy (el de la sombra es el mejor plano de la película, y más aún sabiendo que se le ocurrió a Spielberg “in situ”), la búsqueda de la misteriosa caja magnética en el Área 51, la primera lucha a hostia limpia con el gigantón ruso, Indy en el “barrio de maniquíes” (tremenda la tensión de toda esa secuencia), la explosión de la bomba, la graciosa pelea en la cafetería y toda la persecución a lo largo del Campus del Marshall College (nada que ver con la posterior persecución de la jungla, un desastre).

Desde el momento en que Indy y el joven Mutt Williams (un genial Shia LaBeouf) dejan suelo norteamericano y viajan a Perú, la clase y la seriedad mantenidas hasta ahora se comienzan a torcer con la entrada de una de esas secuencias que en Padre de Familia parodiaron un par de veces de forma magistral con los ya míticos “sketches” de las peleas entre Peter Griffin y el Gallo gigante: los personajes llegan a un cementerio cerca de las célebres Líneas de Nazca en donde buscan “La Cuna de Orellana” (tal vez la única secuencia más o menos bien iluminada de todo el film), y sufren el ataque de unos guerreros que se mueven y trepan como Spiderman, saltan y corren silenciosamente como los Jedi, desaparecen como el Hombre Invisible y pelean como bailadores de “capoeira”. Aparecen de repente, Indy se los carga, y los protas continúan con sus asuntos. Ya está. El problema no es que no se nos diga casi nada de esos guerreros. El problema es que es una secuencia que no aporta nada, no dice nada, y no da pie a absolutamente nada. Es decir, que se trata de un estorbo, un fallo de guión que detiene la fluidez y el avance narrativo tan sólo para dar un poco de tensión gratuita a los que no saben aguantar películas sin un ritmo contínuo del tipo Piratas del Caribe. Y el verdadero problema de la película es que este tipo de situaciones se repetirá una y otra vez durante el desarrollo de su segunda mitad, que comienza cuando la acción pasa a las Selvas del Amazonas…

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Una selva que, en sus escenas nocturnas, está peor iluminada que aquellas selvas y bosques de decorado que de vez en cuando se solían recrear en series del estilo Cosas de Casa o El Príncipe de Bel-Air (para más señas, fijaos en la secuencia de las arenas movedizas, por otro lado con una conversación atropellada que parece sacada de una comedia del estilo Friends). Una selva en la que se nos presentan (tarde) a más personajes relevantes que al final acabarán por ser demasiados. Una selva en la que se sucede una persecución bien rodada pero pésimamente mal concebida, en la que el suelo del Amazonas es recto y sin baches como una autopista y en la que hay un duelo acrobático de espadas tan irreal como los de Piratas del Caribe en el que los Cromas se notan tanto que cantan La Traviata. Una selva digital en la que uno de los protagonistas se recorre kilómetros de distancia como Tarzan por medio de lianas, para acabar justito sobre uno de los coches aún en plena persecución (por favor). Una selva de monos digitales con tupé y de hormigas carnívoras también digitales… Por no mencionar otro tipo de situaciones absurdas, como aquella en que Marion pasa el vehículo anfibio al río, las reiteración de las tres cataratas seguidas, el nuevo grupo de guerreros de los templos (de los que nada se cuenta, y que para nada sirven), o el mismo clímax dentro del Templo de Akator cuando todo se viene abajo, en el que el uso de los efectos digitales es tan Lucasiano (sinónimo de hiperbólico e innecesario) que resulta totalmente falto de emoción y verosimilitud. ¿Qué necesidad había de todo ello?

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Qué poco de tí ha dejado Koepp en su guión, dulce Marion…

Una de las más patéticas secuencias de toda la filmografía de Spielberg pertenece a su peli de 1997 El Mundo Perdido, y es aquella en que la hija negra del protagonista, Ian Malcom, se pone, en medio de un clímax, a hacer acrobacias en una barra para abatir nada menos que… ¡a un velocirraptor! Si bien no es nada justo juzgar una película entera (y además, tan bien rodada) por una sóla escena vergonzosa… ¿cómo juzgar a El Reino de la Calavera de Cristal con todo ese desvarío de secuencias innecesarias, pese a su genial primera mitad? Incluso la banda sonora de ese dios llamado John Williams, aún siendo un gran trabajo superior a la media del 90 % de compositores de la actualidad, desprende bastante desgana y carece de esa personalidad que el compositor suele imprimir a sus magníficos scores, encontrándose esta vez un tanto desubicado y desequilibrado entre fanfarrias típicas de la saga y pasajes musicales más oscuros.

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-“¡Menudo desastre!”
-“¿El qué? ¿El camión?”
-“No, ¡la puta película!”

El caso de Janusz Kaminski, el director de fotografía habitual de Spielberg, es un caso aparte e igual de sangrante. Durante el último año se nos dijo, o más bien se nos aseguró desde fuentes oficiales, que tanto Spielberg como Kaminski tomarían como referencia el maravilloso aspecto visual de la trilogía antigua (gran trabajo del director de fotografía Douglas Slocombe, a quien Spielberg debería de haber vuelto a llamar), y que partirían de ahí para respetar ese look y conferir a la saga un aspecto unitario. Citando palabras textuales, el propio Spielberg dijo: Nos tendremos que tragar nuestro propio orgullo.

¿Cómo se supone que debemos tomarnos estas palabras cuando descubrimos que no sólo nos han mentido, sino que el mayor destrozo de El Reino de la Calavera de Cristal junto al guión es, precisamente, el perpetrado por el infame Janusz Kaminski? Mal, desde luego. Y esto demuestra la enorme importancia de un aspecto tan comúnmente ignorado como es el de la fotografía cinematográfica. Tan importante que cuando se hace mal, es capaz de cargarse la experiencia de disfrutar de una película, como sucede en este caso. ¿Quién me iba a decir que un cinematógrafo (Kaminski) al que tanto adoro por trabajos expresionistas como La Lista de Schindler o Minority Report (crítica aquí) y al que siempre he defendido, acabaría por revelarse como un inútil incapaz de adecuarse a las exigencias particulares de cada proyecto?

Por culpa de la puñetera, maldita, jodida manía de Kaminski de utilizar filtros difusores de luz para todo, allí donde debería haber texturas tangibles y palpables, hay borrosidad; allí donde hay fuentes de luz o reflejos, hay fogonazos molestos y haces de luz que parecen sacados de Blade Runner; allí donde el cielo debería brillar azul potente como en las anteriores tres películas, ahora aparece blanco. Tan forzada está la luz, y tan antinaturales son las gamas cromáticas, que incluso las secuencias realizadas en exteriores de verdad… ¡parecen rodadas en plató!

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Irina Spalko y el nuevo “Anal Intruder 2.000”, ideal para la sodomización de directores de fotografía polacos e inútiles.

Todo esto provoca el mismo problema básico que atañe a los CGIs cuando se usan desmedidamente y sin contención: que por muy bien hechos que estén, carecen de verosimilitud. Que “no te los crees”, vaya. Y esta es precisamente la razón de que, volviendo al tema de los momentos estúpidos del guión, todos estos pierdan todo efectismo y verosimilitud cuando ejecutados con abuso de CGIs y fotografiados con ese pésimo trabajo de Kaminski. Y deseo subrayar esto, porque un argumento de contrarréplica que se está leyendo mucho por Internet, es el que intenta quitar peso a todos estos momentos idiotas mentando el gran número de “secuencias absurdas” presentes en las tres películas anteriores. Pero ante tal excusa, que no comparto en absoluto, mi argumento es el siguiente:

Habrá situaciones “absurdas” en la trilogía original, pero la suspensión de la incredulidad es algo que tiene que ver muchísimo con la ejecución de cada película. Así, cuando veo En Busca del Arca Perdida, me creo perfectamente que alguien pueda estar colgado de un látigo y ser arrastrado por un camión a qué sé yo cuantos kilómetros por hora, porque sin ir más lejos estoy viendo una persona colgada realmente de un camión, y la ejecución de la escena es perfecta (de hecho, la famosa persecución de camiones a través del desierto es una de las mejor planificadas y rodadas del cine de las últimas décadas). De la misma forma, cada vez que veo El Templo Maldito, puedo creerme perfectamente que tres personas se lancen en una lancha hinchable desde una avioneta para caer sanos y salvos al suelo, precisamente porque estoy viendo, en efecto, algo que de verdad cae del cielo, se hincha y cae sobre la nieve. Y puedo creerme perfectamente una catacumba repleta de bichos de todos los tamaños, tipos y sabores porque los bichos están ahí (aunque haya muñecos, siguen estando ahí). O que en La Última Cruzada Indy logre agarrarse a una rama antes de que el tanque se precipite al vacío, o que exista un puente “camuflado” como el de la tercera y última de las Pruebas de Fe.

En definitiva, puedo creerme perfectamente todas esas secuencias porque, aunque se trate de obvias exageraciones, son “tangibles”, están perfectamente ejecutadas, y lo que es más importante: están perfectamente justificadas para con la película y el avance de la misma, tengan ayuda CGI o no la tengan. Así, mi credulidad se mueve con la película. Pero en la segunda mitad de El Reino de la Calavera de Cristal, sin embargo, no soy capaz de creerme ni una de las secuencias que enumeré anteriormente porque son extremadamente “artificiales” y la mayoría no vienen a cuento de nada. Para mí, ahí está la diferencia entre algo que se consigue hacer creíble a efectos de la narración, y algo que no.

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Menos mal que, gracias a dios, el genial plantel de actores se encarga de concedernos lo que quizá sea lo mejor de la película: el carisma y la química de todos ellos. Harrison Ford da vida a un Indy, como ya he mencionado, muy distinto; tan distinto que de hecho sólo se le llama “Indiana Jones” UNA sola vez en todo el film (me pregunto de quién habría sido la genial idea…), pero que pese a todo se sigue reconociendo en cada mirada, en cada frase, en cada gesto y en cada mueca cínica del actor. Ford no nos ha fallado, y eso es importante. Cosa que también es extensible al chulito de Mutt, que apoyado por el inmenso carisma de ese genial actor llamado Shia LaBeouf, se descubre como uno de los mejores compañeros de aventuras de Indy de toda la saga. Ray Winstone, por su parte, desempeña con mucha soltura a Mac, antiguo compañero de andadas de nuestro arqueólogo, que a pesar de todo se trata de un personaje claramente prescindible. Y el problema de otros personajes como la fria doctora Irina Spalko (Cate Blanchett), nuestra querida Marion Ravenwood (Karen Allen) y el pirado del profesor Oxley (John Hurt) reside básicamente en el guión.

Es un buen montón de personajes, a todas luces desaprovechados, y que en la segunda mitad de la película, hacia el final, genera un “overbooking” de la hostia en el que hasta el mismísimo Indiana es puesto de lado por el loco de Oxley en las lindes arqueológicas de turno, decidiendo y deduciendo todo. Qué vergüenza, Koepp. Qué tremenda vergüenza.

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Uno, dos, tres, cuatro, y cinco. Demasiados personajes…

Y ahora permitidme que concluya esta reseña con una última reflexión en relación con el objeto arqueológico que esta vez Indiana Jones tiene que buscar y proteger (la calavera de cristal) y su supuesta función e importancia como “McGuffin” argumental: en esta entrega, contrastando con lo conciso de las tres anteriores, tardan prácticamente la película entera en desvelarnos todo acerca de la calavera. Sabemos, claro, que los rusos no se pueden hacer con ella, pero… ¿qué pretenden conseguir los protagonistas con la susodicha calavera? ¿Para qué leches la quieren llevar al templo de Akator? ¿Sólo porque un deficiente mental diga que sí? (y no, no me he referido a George Lucas, sino a Oxley… aunque tampoco voy muy lejos de la otra intención). Y lo que aún es más grave: ¿cuál es el conocimiento moral al que aspira Indy esta vez? La respuesta es simple: no hay.

En relación a esto, y para disipar, de una vez por todas, esa absurda y común idea de que las películas de Indiana Jones son simples películas de aventuras en las que todo vale por la misma aventura, reflexionemos un poco acerca de las búsquedas de los objetos en las anteriores entregas:

En la primera, Indy va tras el Arca de la Alianza para arrebatársela a los nazis, pero esencialmente lo hace por una cuestión puramente arqueológica, por esa responsabilidad moral tan típica suya de que toda reliquia debería estar en un museo. Es por eso que el propio Indy no es capaz de destruir el Arca cuando tiene una última oportunidad: en su dilema moral, antepone su instinto primario como arqueólogo. En la segunda entrega, Indy debe recuperar las Piedras de Shankara de las garras de los tiranos sectarios del Templo de Pankot, pero la responsabilidad moral por lo que lo hace es la de ayudar al pueblo indio al que las piedras fueron robadas, y por supuesto por sus niños secuestrados. Al final, la enseñanza moral que obtiene es el verdadero significado de la “fortuna y gloria” del poder de las piedras. Y en la tercera, Indy va tras el Sagrado Grial de Cristo para arrebatárselo a los nazis, y no sólo lo hace por su padre, ni tan sólo para salvar a su padre… sino también para recuperar a su padre en todos los sentidos de la palabra, ganando finalmente la enseñanza de la “iluminación” gracias a que supera su propia carencia de Fe.

Pero ¿qué se consigue en esta cuarta entrega? ¿Qué se aprende? La repuesta, amigos, es NADA.

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A ver si lo hacéis mejor la próxima vez, la madre que os parió…

Es por esto que El Reino de la Calavera de Cristal es una historia con una superficie aderezada con cosas buenas, pero muchas otras demasiado malas, y con un fondo vacío y totalmente carente de esencia. Eso sí, entretiene de principio a fin y es altamente recomendable para pasar un buen rato en el cine, eso no se puede negar. Pero le falta la esencia, la clase, y ese punto de seriedad cinematográficas que separa las películas de Indiana Jones sobre otros ejemplos de cine de aventura más desmadrados y simples, como las dos partes de La Momia de Stephen Sommers. Si piensan hacer una quinta entrega, tan sólo les pido que intenten enmendar el tremendo tropiezo que han tenido, y que Spielberg madure de una vez y sepa prescindir de sus técnicos más queridos cuando las características de cada proyecto así lo exijan.

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8 comentarios

  1. “gran trabajo del director de fotografía Douglas Slocombe, a quien Spielberg debería de haber vuelto a llamar)”

    El extraordinario Slocombe se quedó ciego. En cambio, Spielberg podría haber llamado a Phil Mehéux, responsable de la fotografía de “Casino Royale”, mucho más en la línea de la trilogía antigua que cualquier cosa que Kaminski “brillantinas” pueda ofrecer.


  2. Jodó. 😦 Sabía que Slocombe estaba bastante anciano y con problemas de vista, y que había tenido unos cuantos roces con Spielberg… pero no que se había quedado ciego. Horrible.

    De todas formas es más que obvio que aunque estuviera saludable y en activo, Spielberg no le volvería a llamar. El judío parece estar ya en una etapa en que ya no se querrá desprender de sus colegas de profesión más cercanos ni aún cuando la ocasión lo clame a gritos. Si no lo ha hecho con este ‘Indy’, es dificil que vaya a hacerlo en otro proyecto. Y válgame dios el daño que le ha hecho a esta última película el maldito “brillantinas” (por cierto, ¡acojonante mote! Jajaja)

    Saludos.


  3. Jolín, ke dureza de crítica,… yo soy Spilberg y leo esto y me retiro del cine. jejeje. Besitos. A mí la peli me ha gustado, pero quizás lo que dices, muy en la línea de Tesoro Nacional o La Momia.


  4. ¡Amos hombre! 😉 Tito Spi habrá leido críticas millones de veces peores a lo largo de su carrera y especialmente desde el sector “cahierista”, quienes no le perdonarán nunca ser el cineasta más completo de la actualidad y ser célebre y millonario. Esto ha sido “apenas” un grave tropiezo que demuestra que hasta Dios es humano. A ver si se recupera con su próximo proyecto de una vez, sea ‘Interstellar’ o sea ‘Lincoln’… porque lo de ‘Tintín’ no me tiene buena pinta…

    (Más info en este post antiguo:
    https://peliculeros.wordpress.com/2008/01/09/%c2%a1spielberg-a-todo-gas/)


  5. Hombre, puede que con “Tintín” haga precisamente lo que aquí fue totalmente incapaz de lograr. Después de semejante tropiezo el próximo proyecto tiene que ser mejor sí o sí. Porque como caiga aún más bajo… se nos cae un mito.

    Y sí, Spielberg no va a renunciar a Kaminski a estas alturas por desgracia para la humanidad. ¿Qué otro mote se le puede poner a semejante trabajo? Jeje.

    Oye Atreus, ¿para cuándo “Che, el Argentino”?


  6. Precisamente no sé yo hasta qué punto podría recuperarse con un producto -‘Tintin’- de esas características. Quizás esto me sucede tan sólo a mí, pero aunque por ejemplo ‘Beowulf’ me guste, películas digitales como esa o ‘Polar Express’ las veo en el fondo tan frías que, al menos inconscientemente, no soy capaz de “personalizarlas” a los nombres de quienes están detrás. Es decir, que a veces llego a olvidar que el responsable de esas dos películas es ese crack llamado Robert Zemeckis porque, para mí, él siempre ha sido un tío que rueda películas de verdad y no intros curradísimas de videojuegos (independientemente de su calidad). Y temo que lo mismo me pase con Spi. Sólo el tiempo lo dirá… pero es una pena que al final no haya querido hacer la de ‘Trial Of The Chicago Seven’.

    ¡Hey! El “Brillantinas” y su último trabajo también podrían llevar el mote de “El Medias de la Abuela”, seguro que me entiendes 😉 Por cierto, creo que en referencia a su “trabajo” en Indy, el comentario más despollante que leí en NosoloHD fue el de no recuerdo qué forero comentando que durante el “happy epilogue” con luz sobreexpuesta del final, hubo alguien que se alarmó creyendo que todos habían muerto y estaban en el Cielo… ¡jajaja!

    Y sobre la del ‘Che’, le tengo muchas ganas después de los buenos comentarios que se leen en los foros… pero desconozco si se ha estrenado ya en Portugal; y lo cierto es que cuento con varios problemas más: para empezar, desgraciadamente vivo a más de 200 km de distancia del cine más cercano y todo este tiempo he tenido que ser muy selectivo con los estrenos que iba a ver, y en segundo lugar porque la próxima semana mi vida personal dará un vuelco por tener que hacer una mudanza “internacional” obligatoria y volver a vivir en España, repleto de incertidumbres laborales. Por lo que apenas tendré tiempo ya no sólo para ver Cine en el cine, sino incluso para actualizar este blog durante una temporadita… Y joder, mira que me da rabia ¿eh?, ahora que después de casi un año comenzábamos a tener comentarios… 😦

    ¡Saludazos y, una vez más, gracias por tu apoyo, Jdug!


  7. Tienes razón en que Robert Zemeckis está totalmente desaprovechado en esos films y viéndolo de esa manera también me da mal rollo “Tintín”, pero, ahora en serio, ¿cómo de horrible tendría que ser esa película para ser aún peor que “Indiana Jones IV”? Mientras que Spi no se pierda entre tanto píxel, ¿estaremos a salvo?.
    La de “The Trial of the Chicago 7” como que prefiero que no la haga, recordemos la última vez que nos plantó pleitos en pantalla en “Amistad”, que está muy lejos de ser su mejor película.

    ¡Y yo que me quejaba de la mala cartelera burgalesa! Bueno, suerte con tu mudanza y esperaremos tu vuelta a Peliculeros con ganas. Un saludo.


  8. Hombre, como la trama de “The Trial…” es bastante más actual que la desarrollada en “Amistad”, habría menos espacio para la manipulación histórica como sucedía en aquella, pero en fin. Es verdad que esa le salió especialmente muy chunga, pero más que nada por el mal trabajo de su guionista. También porque es una película sin ambiciones de cualquier tipo (Spi dice que la hizo para sus hijos afroamericanos y punto), y eso se traduce en una alarmante falta de personalidad, entidad y carisma. Pero no negarás que al menos tiene una puesta en escena soberbia (el inicio en el barco, madre mía), actores buenos (excepto, ya sabes, Mathew MacCona… Cronaungiughey… o como sea), e incluso una foto del Brillantinas (jajaja) bastante comedida. “Indy IV” apenas tiene de estos valores, tristemente…

    Lo único que me llama la atención de “Tintín’ es el hecho de que Spi trabajará codo con codo con el Peter Jackson. No sé que podría salir de semejante unión cinéfila! pero en el fondo hay que tomárselo como lo que es: la unión de dos enamorados de las tecnologías jugando y experimentando con maquinitas nuevas. Estos críos… 😀

    Hey, por aquí la cartelera no es tan mala; son muchas las películas que he podido ver mucho tiempo antes que en España, incluídos grandes estrenos como Kill Bill 2, Cloverfield o TDK… lo malo es que me queda a tomar por culo de casa X-DD

    Gracias una vez más, amigo.

    PD: reza todas las noches antes de acostarte por que no hagan un ‘Indy V’…!!



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