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Bandas Sonoras: Sinfonía de ‘The Lord Of The Rings: The Complete Recordings’ (‘El Señor de los Anillos: Las Grabaciones Completas’), de Howard Shore.

18 junio 2008

Un monográfico acerca de una obra capital de la música de cine.

por Atreus.

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Durante el pasado Diciembre, hubo un día especial para mí en el que después de mucho tiempo a la espera, tuve por fin en mis manos la fantástica edición musical de las Grabaciones Completas de El Retorno del Rey, tercera parte de El Señor de los Anillos, completando así una colección comenzada dos años antes. Una edición en que, al igual que en las otras dos Grabaciones Completas de La Comunidad del Anillo y Las Dos Torres comercializadas en 2005 y 2006 respectivamente, se nos presenta toda, absolutamente toda la música compuesta por el maestro Howard Shore para la tercera película de la trilogía, dividida a lo largo de nada más y nada menos que 4 CD’s.

El compositor fue contratado por Peter Jackson muy tempranamente durante la pre-producción de la trilogía, y debido a esto, el maestro tuvo a su disposición todo el tiempo del mundo para dedicarlo a su composición a medida que vivía el desarrollo del proyecto. El hecho de que el rodaje de las tres películas fuera casi simultáneo y concebido como un todo unificado aportó al compositor todas las facilidades para dotar de una perfecta cohesión estructural y temática a la música de un film a otro, confiriendo de esta forma unas cualidades orgánicas sin parangón en la música de cine. Es por eso que sorprende cuando, por poner un par de ejemplos, en La Comunidad del Anillo oímos vagamente los ecos melancólicos de un motivo musical (el Tema de Gondor) que no tendrá su total desarrollo hasta llegada la tercera película, o cuando vemos cómo uno de los temas asociados a los Hobbits es interpretado primero por festivos whistles irlandeses y demás instrumentación rústica, y progresivamente por instrumentos más nobles a medida que el viaje de iniciación de los personajes se desarrolla y llega a su fin. Siendo esto tan sólo dos detalles de una sinfonía pluscuamperfecta (la polla en vinagre, vamos) y cuidada hasta el detalle.

PhotobucketEs necesario recordar que antes de El Señor de los Anillos, Howard Shore no era un desconocido, ni mucho menos un principiante. Compositor de scores de películas como El Silencio de los Corderos, Ed Wood o Seven, ya llevaba tras de sí una carrera musical de 20 años. Cuando fue anunciado que el proyecto tenía luz verde, los primeros nombres de compositores que se barajaron (no sabemos hasta qué punto oficiales o no) fueron los de James Horner y Wojciech Kilar (compositor de Drácula de Bram Stoker), mientras yo soñaba con una oportunidad perfecta para mi amado Jerry Goldsmith. Sin embargo, uno de los aspectos que más preocupaba al director Peter Jackson era encontrar a alguien que supiera comprender y reflejar el lado más oscuro y negro de la historia por encima del épico, y si echamos un vistazo a la carrera previa de Shore descubriremos que en ella abunda una importante cantidad de música tétrica y malsana, especialmente la de sus colaboraciones con su amigo David Cronenberg en más de una docena de films.

El anuncio de que él sería el compositor elegido para un trabajo con tantas expectativas fue recibido con sorpresa, escepticismo, y también mucha decepción. Nadie esperaba que aquello que se consideró como una decisión arriesgada se convirtiera en una de las más sorprendentes y fructíferas desde que John Williams compuso Star Wars en 1977.

La música y las películas:
Con La Comunidad del Anillo, Howard Shore asombró inesperadamente a todos gracias a una composición densa y compleja de tintes operísticos, una música orgánica y descriptiva que nos narra y define la historia a la par que las imágenes, que crece y se desarrolla a la par que los personajes principales, y que describe musicalmente la multiculturalidad del mundo creado por J.R.R. Tolkien. Shore distribuye leit-motivs, instrumentos, construcciones melódicas e incluso idiomas distintos para la descripción de los diferentes personajes, razas, lugares o momentos concretos de la historia: instrumentos cercanos a la música folk irlandesa para los Hobbits y todo lo relacionado con La Comarca; profundas trompetas y ostinatos de percusión metálica para Saruman, sus guerreros Uruk-Hai y, en definitiva, para el poder de la Industria; tenebrosos textos cantados en Lengua Negra para los Nazgûl o Espectros del Anillo; etéreos arpegios de cuerda para la cálida tierra élfica de Rivendel; graves coros masculinos recitando en el idioma Khuzdul para las profundidades subterráneas de Moria bajo la amenaza del Balrog; instrumentos de origen indio y misteriosos y ambiguos cánticos en quenya y sindarín para Galadriel y los frios bosques de Lothlórien… e incluso un angelical coro de niños para el Anillo Único como símbolo de la peligrosa tentación que ejerce sobre el alma de las personas…

Aparecen también muchos otros temas secundarios maravillosamente bien concebidos, como por ejemplo el Tema de la Naturaleza, cantado por el joven solista Ben del Maestro en el momento en que, en la película, una polilla se aproxima a Gandalf, herido y capturado en lo alto de la torre de Saruman. Merece la pena, de hecho, destacar este momento, porque esta leve melodía entra justo en medio de un corte musical dominado por la asonante y violenta música de Saruman y los Uruk-Hai mientras las imágenes de la película nos muestran la naturaleza muerta de Isengard y cómo esta es devorada por los fuegos de la Industria bélica en las cavernas bajo el suelo. Se produce, de este modo, un magnífico y significativo contraste musical entre Naturaleza e Industria, entre el leve y etéreo cántico de un niño de alma herida pero todavía viva, y agresivos cuernos, percusiones y ruidos metálicos, que demuestra lo brillantemente planteada que está la música de Howard Shore hasta en los detalles más pequeños.

En la segunda película, Las Dos Torres, se abandona en parte el carácter etéreo de la primera banda sonora a favor de un notable carácter épico y bélico. Para la presentación del pueblo de Rohan, la cultura predominante en esta historia, Shore compone una serie de temas y conceptos musicales con los que incide en la imagen de inspiración mítica cuasi-vikinga de dicho pueblo. Para ello utiliza como instrumento solista el Hardanger o violín noruegués, de sonido muy característico, así como con el complejo Inglés Arcaico para los coros, lengua en que se conservan los textos más antiguos del poema Beowulf. Aparecen también por primera vez los Ents, los pastores de árboles, símbolos del discurso más ecologista de la historia y a los que el compositor representa por un lado con percusiones ejecutadas con instrumentos de madera, y posteriormente con el mencionado Tema de la Naturaleza cuando estos cargan contra Saruman y la Industria al final de la película. Finalmente, merece la pena destacar cómo el asombroso tema que en la primera parte se asociaba a Lothlórien aparece en esta segunda parte interpretado con un carácter militar durante la Batalla del Abismo de Helm.

Y finalmente, en El Retorno del Rey se incide de nuevo en el carácter musical más épico y al mismo tiempo trágico, al tiempo que Shore nos presenta por fin en su pleno desarrollo el glorioso Tema de Gondor, cuyas más álgidas y completas interpretaciones suenan durante la llegada de Gandalf a Minas Tirith y en la brillante secuencia del alumbrado de las Almenaras. Por otro lado, el uso del coro alcanza su carácter más operístico durante el clímax final de Frodo, Sam y Gollum en el Monte del Destino, un momento cumbre en el que las voces toman las riendas de la composición y nos describen poéticamente lo que sentimos viendo las imágenes. Finalmente, Sir James Galway, uno de los miembros del mítico grupo de folk The Chieftains, interpreta los whistles en el triste y emotivo último tramo de la historia, relacionado con el fin del viaje de iniciación de los Hobbits y su noble destino.

Para explorar un poco la evolución temática presente a lo largo de la composición musical de la saga, tomemos como ejemplo un tema musical en concreto, uno de los más famosos de la trilogía y más fáciles de reconocer para todos: el Tema de la Compañía del Anillo. Dicho tema describe la unidad de la Comunidad, la frágil pero valiente alianza de los diferentes pueblos de la Tierra Media en un mismo fin. En la primera película, el tema se sugiere por primera vez en la composición tras el inicio de la marcha de Frodo y Sam, en la secuencia en que este último se adentra “más lejos de cuanto haya llegado nunca”. Así, se marca ese momento como aquel en que se da el primer y definitivo paso sin-mirar-atrás hacia la formación de la Compañía. Shore lo refleja apenas por medio de unos vagos ecos del tema, y no será hasta que la unión de los nueve compañeros se formalice durante el Concilio de Elrond cuando el tema suene pletórico y en toda su potencia.

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Tras la disolución de la Compañía, una vez comenzada la segunda película, el tema musical vuelve a sonar mientras acompañamos a Aragorn, Legolas y Gimli en su apresurado camino. Pero en esta ocasión suena distinto. La compañía ha sido dañada y separada, pero la misión aún está en pie. Por eso, la interpretación musical es más madura, reflejo de una valentía inquebrantable. Durante este film y la mayor parte del metraje del tercero, el tema aparecerá ilustrando cada momento en que una acción valerosa de los personajes suponga un nuevo paso hacia la consecución de la misión, pero no volverá a sonar de manera predominante… hasta el momento en que las últimas tropas de los Pueblos Libres se postran frente a las puertas de Mordor, con Aragorn bajo su lideranza y dispuestos a realizar un último sacrificio en nombre de Frodo, el Hobbit que se sacrificó por todos. Aragorn pronuncia un definitivo “por Frodo”, y el tema del la Compañía del Anillo es interpretado por primera y penúltima vez en toda la composición por los coros, cantando en idioma élfico Sindarin, y alcanzando el momento más álgido y épico mientras los últimos hombres corren a la batalla aceptando la muerte en paz. Por supuesto, Frodo consigue realizar su misión, pero el Monte del Destino explota y todos observan con lágrimas la montaña de fuego que seguramente habrá representado el final de aquel que sacrificó su vida por toda la Tierra Media. Sam y Frodo se refugian en un extremo rocoso mientras la lava y la más profunda soledad les envuelve, y allí, en el Final de Todas Las Cosas, se abrazan y se dejan dormir. Pero justo en el momento en que cierran los ojos, y la imagen se oscurece con un “fade-out”, el susurro de los coros interpreta de forma lenta, pero cargada de significado, tres de las notas del Tema de la Compañía del Anillo, anticipándonos aquello que descubriremos inmediatamente después: el viaje aún no ha llegado a su fin.

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Como es evidente, los coros y los poemas forman una parte fundamental de la música de las películas, utilizados no sólo como mero recurso estilístico, sino para dar una mayor dimensión y amplitud a la narración. Textos originales de Tolkien fueron extraídos tanto de El Señor de los Anillos como de otras obras literarias del autor y seleccionados; Philippa Boyens, coguionista de la trilogía, adaptó algunos de ellos y completó, reordenó o incluso creó nuevos textos; y David Salo, el estudioso de lenguas que completó el sinfín de idiomas creados por Tolkien, tradujo los textos seleccionados a los susodichos idiomas. Un proceso que terminó, claro, con Howard Shore aplicando su gran concepción musical para finalmente ser intepretados por la prestigiosa The London Voices, el coro de niños The London Oratory School Schoola, la contralto Hilary Summers, sopranos como Isabel Bayrakdarian, la reputada Renée Fleming o el mencionado joven Ben del Maestro, una larga serie de solistas variados venidos de otros campos musicales como Elisabeth Fraser, Miriam Stockley, Annie Lennox o la célebre Enya, e incluso la intervención de miembros del casting como Viggo Mortensen (Aragorn), Miranda Otto (Eowyn), Liv Tyler (Arwen), Ian McKellen (Gandalf) o Billy Boyd (Pippin).

En definitiva, todo este trabajo provoca que la escucha de la composición musical de la trilogía de El Señor de los Anillos se convierta en una experiencia múltiple cuando, maravillados, pasamos de escuchar apenas la música a querer fijarnos en su compleja estructura a lo largo de las tres películas, en la distribución instrumental, en la evolución temática, y posteriormente pasamos a desear desentrañar el significado de los textos de los coros y la multitud de idiomas distintos en que están escritos: Quenya, Sindarín, Inglés Arcaico, Khuzdul, Lengua Negra, etc.

Pocas veces, en el campo de la música de cine, habremos tenido la oportunidad de sumergirnos de tal manera en la complejidad de una composición musical como esta.

Las ediciones en CD:
Las ediciones son sin duda las mejores realizadas nunca para una banda sonora, ya no sólo por la cantidad de música disponible (contenida en nada más y nada menos que un total de 10 CDs y 3 DVDs) y la calidad de sonido, sino también por su inmejorable aspecto: contenidas en cajas a imitación de libros antiguos, prestando toda atención al más mínimo de los detalles estéticos, e incluyendo cada una de ellas en su interior un libreto de más de 40 páginas cada uno de ellos en el que uno de los asistentes personales del compositor, Doug Adams, relata minuciosamente todo lo relacionado con la composición de Shore en referencia a cada una de las películas: estructuras, escalas y relaciones temáticas, el desarrollo musical a lo largo del metraje, instrumentos y orquestaciones, las letras compuestas para coro y solistas, etc.. Una inconmensurable cantidad de datos que, por cierto, el mismo Adams recopilará en un libro titulado The Music Of The Lord Of The Rings Films que será puesto a la venta entre noviembre y diciembre de este año, acompañado, según las últimas informaciones, de un DVD repleto de música alternativa, fragmentos no utilizados, composiciones tempranas y demás rarezas compuestas por el Maestro Howard Shore para la trilogía. En Peliculeros estaremos atentos al lanzamiento de este libro.

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Pero uno de los detalles por los que más destacan estas ediciones es por contener cada una de ellas, en exclusiva, un DVD que presenta toda la música de cada respectiva película (la misma de los CD’s) mezclada en cuatro formatos diferentes de audio digital para poder gozar de ella con un Home Cinema:

~ Dolby Digital 2.0 a 224 Kbps (DVD).
~ Dolby Digital 5.1 a 448 Kbps (DVD).
~ PCM (Advanced Resolution Stereo) 2.0 con bitrate entre 1.400 y 1.900 Kbps (DVD-Audio).
~ PCM (Advanced Resolution Surround) 5.1 con bitrate entre 3.000 y 3.500 Kbps (DVD-Audio).

Entre estas cuatro versiones, destaca por peso propio el último, el sistema denominado PCM 5.1, con el que la música alcanza un “bitrate” de hasta 3.500 kbps, según dicen los expertos. Y ¿qué coño significa esto en cristiano? Significa ni más ni menos que si alguna vez habéis deseado saber qué se debe sentir desde el púlpito donde los directores de orquesta agitan la batuta (o mejor, incluso), esta es vuestra oportunidad. La única pega es que para ello es necesario poseer el equipo adecuado, ya que no todos los reproductores son capaces de acceder al PCM. Hay dos opciones:

~ Tener bastante pasta, un Home Cinema y un aparato lector de DVD-Audio.
~ Tener bastante pasta, un Home Cinema, un PC con tarjeta de sonido de 24 bits (Audigy 2, por ejemplo) y un programa reproductor compatible con DVD-Audio, como el PowerDVD 6.0 Deluxe (o superiores).

Yo, por desgracia, carezco de momento de una u otra posibilidad, pero cierto día pude experimentar parte de la música de la primera banda sonora en este glorioso sistema PCM gracias a un amigo y su benerable reproductor de DVD-Audio… y juro y perjuro que el sentirme envuelto por una orquesta sinfónica de semejante manera, cerrar los ojos e imaginar frente a mí las diferentes secciones instrumentales, y hasta identificar gran cantidad de instrumentos y líneas melódicas que no se consiguen escuchar en las ediciones en CD, fue una de las experiencias musicales más sorprendentes de mi vida. Mucho más allá de un “vulgar” Doby Digital en 5.1, el increíble PCM 5.1 es, actualmente, la mejor mezcla multicanal del mundo, y cualquier oreja que se precie debería intentar acceder como sea a la experiencia de escuchar la música de El Señor de los Anillos con tamaña pureza absoluta de sonido. Es otra dimensión. Es, sin duda, el futuro del sonido.

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Conclusión:
Desde luego, no voy a negar que estas ediciones son caras y difíciles de conseguir (tan sólo las Grabaciones Completas de La Comunidad del Anillo se llegaron a vender en tiendas físicas en España, a aproximadamente 45 €), aunque admito también que el hecho de haber salido a la venta cada una de ellas con un año de diferencia, es algo que ayudó mucho, muchísimo en su compra.

Como es obvio, la música está también disponible a través de “otros medios” más al alcance de todos los mortales. Pero os aseguro que por la calidad de las ediciones, la extensa información de los libretos y el ultra-sonido PCM de los DVD’s, son ediciones que merecen la pena aunque sea a largo plazo, como es mi caso, y ayudan a disfrutar más de una épica composición musical que es obra maestra absoluta dentro de la música de cine, la música orquestal y la música instrumental en general.

Volveremos a encontrarnos con el Maestro Howard Shore en su regreso a la Tierra Media con las bandas sonoras de las dos futuras adaptaciones de El Hobbit, dirigidas por Guillermo del Toro. ¡Hasta entonces!

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Peter Jackson y Howard Shore: una amistad aparentemente venida a menos…

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