h1

Viendo… ‘Minority Report’ (2002), de Steven Spielberg.

27 febrero 2008

Alfred Hitchcock presenta… ¡Una de Ciencia-Ficción!

por Atreus.

PhotobucketEn cierta escena concreta, los policías del Departamento de PreCrime (Pre-Crimen) sueltan unos bichos robóticos que ellos llaman “detectarañas” en un bloque de viviendas con el objetivo de escanear a sus habitantes y encontrar entre ellos al fugado protagonista, John Anderton (un Tom Cruise entregadísimo). Y a través de un plano-secuencia zenital, vemos cómo las personas son controladas y sus vidas privadas son violadas por el pesado brazo de la ley. Dicha secuencia pone la piel de gallina de lo bien planificada que está, pero también por lo terrible de su mensaje: Spielberg nos muestra a una sociedad totalmente controlada como si fuera a través del plano subjetivo de la mirada del mismísimo Gran Hermano de George Orwell, observando desde las alturas a sus ciudadanos encerrados por las cuatro paredes de sus casas como ratones en sus jaulas. Escalofriante. ¡Pero es que aún hay más!, y más contundente se vuelve el mensaje cuando detectamos el sutil detalle que subyace en dicha escena, en la cual Spielberg nos muestra primero a una madre intentando calmar a sus hijos pequeños atemorizados de las “detectarañas”, y posteriormente a una pareja de ancianos que interrumpen momentáneamente sus quehaceres para luego volver a ellos como si nada hubiera sucedido. Spielberg nos deja caer sutilmente el mensaje de que lo que hace que todo régimen totalitario se sostenga es, ni más ni menos, que el hábito y la pasividad del pueblo sometido. Como si la madre les estuviera diciendo “tranquilos, hijos míos, ya os habituaréis cuando crezcáis”.

Cuando vemos cosas como estas, máxime expresadas mediante una secuencia que es conceptual y técnicamente perfecta, no podemos sino aplaudir y quitarnos el sombrero ante el fenomenal trabajo de dirección de Steven Spielberg, y al mismo tiempo atemorizarnos ante la terrible advertencia de un posible futuro no tan lejano. Y cuando estas cosas suceden, yo lo llamo CINE. Así, con mayúsculas.

Photobucket
“Jopé, estos GPS son cada día más complicados…”

Minority Report se inspira en un corto relato firmado por el gran escritor paranoide Philip K. Dick, que de no haber fallecido en 1982, hubiera considerado a la mayoría de las adaptaciones de su obra como fuertes patadas en las pelotas. Pensad en Impostor, con Gary Sinise; pensad en Paychek, del inefable John Woo y con el inefable Ben Affleck; pensad en la más reciente A Scanner Darkly, de Richard Linklater, de la que ya casi nadie se acuerda. Menos mal que otros filmes como Desafío Total o, por supuesto, Blade Runner, pese a este último ser una interpretación bastante libre de su relato original, ayudan a dar un poco de dignidad a la obra de este autor tan aficionado a los dilemas morales y psicológicos.

Volviendo a la película en cuestión, en mi opinión, es impresionante cuánto gana con cada revisionado. Cada vez, me doy mayor cuenta que dentro del terreno de la Ciencia-Ficción cinematográfica de los últimos años, uno de los pocos cineastas que no sólo mantiene el tipo sino que innova de film a film es Spielberg. Tan sólo tenemos que fijarnos en cómo su cámara interactúa con los personajes y el escenario (las escenas en el Departamento de PreCrime o las de Anderton revisando sus holovídeos son magistrales en este sentido), cómo dota de una planificación y un montaje inimitables a las escenas trepidantes (Anderton evitando el primer “asesinato” en el inicio de la película o la pelea con sus antiguos compañeros en propulsores) o cómo distribuye a la perfección a los múltiples personajes en cada plano, aprovechando el Scope de la imagen y creando profundidad de campo (el primer encuentro del personaje interpretado por Colin Farrell con Anderton y su equipo).

Photobucket
-“Yo soy asquerosamente rico y como placenta para desayunar… ¿y tu?”
-“Yo soy irlandés… y bebo Guinness como leche de teta…”

En definitiva, hay belleza en cada plano de Minority Report y una solución visual única en cada secuencia, lo cual dice mucho de un realizador ya con una extensa filmografía a sus espaldas. Haber dejado un proyecto como este en otras manos hubiera dado, posiblemente, un cutre videoclip de explosiones, montaje a hipervelocidad, realización con parkinson y música “mediaventurera”; pero sólo Spielberg podría haber aprovechado la pocasión y convertido este relato futurista en ni más ni menos que “un Hitchcock”. Escenas como la conversación final entre Anderton y el personaje interpretado por Max Von Sydow, o especialmente la ya mencionada secuencia del primer “asesinato” hablan por sí solas en este sentido: ved cómo ese montaje de estudio alterna la escena interior del marido desdichado y su mujer infiel con la escena de Anderton en el exterior de la casa. Fijaos en el plano de las gafas del marido, el detalle de las tijeras mientras se las pone, Anderton subiendo las escaleras, la mujer suplicando, él girándose hacia ella y haciendo ademán, y Anderton irrumpiendo finalmente en el cuarto e inmovilizando al hombre. Y un segundo después, todos soltamos el aire a la vez. Ved esa escena e imagináosla en blanco y negro, para descubrir que podría pasar por una planificación del mismísimo Alfred Hitchcock.

Pero las comparaciones con el gordo inglés no se quedan ahí, porque el indispensable John Williams está en esta ocasión más “Herrmaniano” (en referencia a Bernard Herrman) que nunca, optando por la creación de multitud de pasajes musicales menos melodiosos y más asonantes como un buen film de cine negro se merece (James Newton Howard haría ese mismo año algo similar en Señales, curiosamente, otro film muy en la esencia de Hitchcock y con no pocas referencias a Los Pájaros).

Photobucket
Can you see?

La fotografía de Janusz Kaminski es uno de los elementos más importantes del apartado técnico, hasta el punto de llegar a convertirse en un personaje más de la película, con un trabajo de luz casi expresionista dominado por gamas de azules y grises muy frías y contrastadas, y que dejan con la boca abierta. Muchas veces su luz es, además, el medio a través del cual se nos describen las emociones de John Anderton: en la ya mencionada secuencia en que revisa sus holovídeos, la lluvia que se refleja sobre su cara y su cuerpo gracias a la leve luz del exterior son sus propios torrentes de lágrimas. En mi opinión, se trata del mejor trabajo fotográfico del cinematógrafo polaco tras La Lista de Schindler, o al menos el que más me gusta junto con aquella, porque creo que es en Minority Report donde todas las soluciones visuales tan típicas y reconocibles de Kaminski encuentran su mejor expresividad, describiendo un pesimista futuro de luces que provocan muchas sombras.

Photobucket

Tom Cruise, como ya he mencionado, se entrega con intensidad en su papel de hombre psicológicamente torturado que descubre que su infierno personal aún puede ser mucho peor, notándose que por detrás tiene a un gran director forzando de él. Colin Farrell, que por aquel entonces aún no era tan famoso como lo es actualmente, interpreta con mucha naturalidad al chulesco y sagaz investigador Dany Witwer, aportando a su personaje diversos detalles de su propia inventiva (ese besuqueado colgante… ¿una cruz irlandesa?). Y por último, Max Von Sydow interpreta con presencia al poderoso Lamar Burgess, un personaje típicamente “Dickiano” (pues recuerda al Runciter de su gran libro Ubik) con un secreto que, quizá, se anticipa con facilidad. De hecho, el único punto flaco de la película es posiblemente su arrepentimiento final.

Minority Report tiene también posée una obvia intención crítica, como mencioné en el primer párrafo de esta reseña. En el indispensable documental Spielberg por Spielberg (que recomiendo a todos, facilmente localizable a través del eMule) el director explica que con Minority Report deseaba construir un relato de cine negro o “noir” que tuviera un mensaje político de índole moral. Así, la película explora los miedos de la sociedad occidental (la norteamericana, más que nada) mediante una descripción nada confortadora de un futuro distópico en que la publicidad lo envuelve todo (con detalles que pueden recordar al cine americano de Paul Verhoeven) y toda vida humana está totalmente controlada por un sistema aparentemente perfecto que sacrifica sus libertades individuales y sus intimidades a favor de la erradicación de los crímenes. Una situación ambigua, que se complementa con otra harto cargada de dilemas morales: ¿hasta qué punto es culpable un individuo si realmente no ha llegado a cometer sus crímenes? O más grave todavía, desde la óptica de Lamar Burgess: ¿justifica el fin de mantener una sociedad carente tanto de criminales como de libertades la aplicación de un sistema que a sabiendas es imperfecto? Al final, el descubrimiento de la cantada imperfección de la precognición demuestra, una vez más, que la maldición de los humanos será siempre la capacidad de proyectar nuestras propias imperfecciones a toda empresa que llevemos a cabo, sea intencionada o inintencionadamente.

Photobucket
Agatha y Anderton. Dos almas hermanadas en su soledad y su dolor.

Y por supuesto, al film no le falta un final lógico, pero de sabor amargo, por mucho que los prejuicios derivados de habernos acostumbrado a Spielberg como “el embajador de la buena voluntad” (palabras suyas, en plan broma) puedan hacernos creer que se trata de un final feliz. Nada de eso, y lo mismo sucede con Inteligencia Artificial. El plano con que concluye Minority Report, que nos muestra a los tres Precogs solos en una choza en medio de la más absoluta nada, no conlleva ninguna alegría, sino más bien tristeza. Y John Anderton recupera a su mujer, sí, pero no a su hijo, y todo a costa de desembarazarse de su fantasma tras una tortura de seis años, al igual que la Precog Agatha (Samantha Morton) con respecto al fantasma de su madre. De hecho, es interesante señalar que la caída definitiva de ese sistema aparentemente perfecto llamado PreCrime, conlleva la redención final de ambos personajes; hasta tal grado están ambos hermanados.

Minority Report será apreciada con el debido tiempo, cuando nos vayamos dando cuenta del brillo de films como los de Spielberg dentro de un género tan maltratado como lo es el de la Ciencia-Ficción, y especialmente cuando, con el paso de los años, las advertencias contenidas en libros o películas como esta vaya cobrando cada vez mayor sentido.

Anuncios

2 comentarios

  1. Minority Report

    Un amiguete me sol


  2. […] Hay toda clase de fotógrafos. Algunos asumen riesgos y otros no tanto. Este los ha asumido todos. Se llama Janusz Kaminski y para algunos podría ser el mejor director de fotografía del mundo. Quizá no lo hayan escuchado nunca, pero seguro lo vieron: hizo la fotografía en blanco y negro de La lista de Schindler y la cámara subjetiva de Salvando al soldado Ryan, y con las dos ganó el Premio Oscar a la mejor fotografía. También fue quien hizo la fotografía en Munich, La guerra de los mundos y Minority Report (con ese tono pesimista en gamas de azules y grises). […]



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: