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Viendo… ‘Elizabeth: La Edad de Oro’ (‘The Golden Age’, 2007), de Shekhar Kapur.

20 noviembre 2007

por Atreus. 

1185223865_elizabeth__the_golden_age.jpgEn en año 1558 era coronada como Reina de Inglaterra la hija de Enrique VIII,  Isabel I, dando paso a una etapa de prosperidad económica y cultural conocida como La Edad de Oro, y caracterizada por la supremacía marítima de Inglaterra, el afianciamiento del anglicanismo, y los conflictos con el Imperio Español bajo la cabeza de Felipe II.

En 1998, una grandísima película dirigida por el paquistaní Shekhar Kapur, titulada Elizabeth, nos narraba, con ciertas licencias argumentales obvias, los años de juventud de Isabel I y su coronación, dando un interesante repaso a las complejas situaciones políticas y religiosas de aquella nación que giraba en torno a ella, y mostrándonos, al mismo tiempo, el lado humano de una mujer destinada a ser reina. Y por si fuera poco, aquella película supuso para el mundo del cine un “hola a todos, mi nombre es Cate Blanchet; arrodillaos ante mí”. De hecho, le cayó una merecidísima nominación al Oscar, aunque no lo ganó (y será mejor que olvidemos para siempre quién se hizo con él).

Ahora, en 2007, una buena parte del mismo equipo que realizó la primera parte ha vuelto para narrarnos los siguientes años del reinado de Isabel I durante la susodicha Edad de Oro. Pero en esta ocasión han vuelto con mucha más grandilocuencia y con la, por veces, insana intención de llegar a más gente. No con tanta soberbia como para convertir este film en la mierda de producto epicoide de leyenda artúrica que anunciaba su trailer, pero sí con la suficiente como para hacer uso de ciertas artimañas que han acabado por suponer un grave traspié.

sin-titulo-2.jpgPor un lado (aunque esto no dependa directamente de los responsables del film), tenemos la manipuladora campaña de promoción, que abarca desde el mencionado trailer a su propio cartel, con esa “guerrera” Isabel I vestida con una armadura que, en la película, tan sólo porta por dos minutos. En segundo lugar está el hecho de que, de todos los años que según los libros conformaron la Edad de Oro, hayan preferido centrarse en el suceso internacional más conocido por todos, y aquel con el que mejor poder lucirse con su representación en la pantalla grande: la lucha contra el Imperio Español y la derrota de la Armada Invencible. Y en tercer lugar, el caso más sangrante: se convierte esta película en una de buenos muy buenos, que son listos y guapos, y de malos muy malos, que son tontos y feos. Y es aquí, en este maniqueísmo estúpido que ni de lejos esperaba, donde yace mi mayor decepción.

Dejaré claro de antemano que no soy de aquellos que sienten herido su orgullo nacional (¿qué parte del cuerpo es esa?, siempre me he preguntado…) si un film convierte a los españoles en los malos de la función, pues al ser el cine la visión artística personal de unos cuantos, este debe tanto ser parcial como también imparcial. Pero lo que no me esperaba era que una película como esta (que cuenta, insisto, con el antecedente de seriedad y austeridad de la primera parte) cayera en maniqueísmos tan infantiles, cuyo máximo ejemplo lo tenemos en el tratamiento del personaje de Felipe II (un Jordi Mollá muy malo en sus labores, pero especialmente porque el propio personaje está pésimamente descrito). Sí, el pobre de Felipe II es extravagante y anda como si hubiera sido abducido por una tropa de alienígenas homosexuales, pero sucede que el pobre diablo padecía de Gota, así que aceptamos su andar estrafalario.

El problema, sin embargo, es que para hacerlo parecer malote, se nos presenta como una mezcla entre personajes de Tolkien como Gríma “Lengua de Serpiente” y Gollum (no le oímos murmurar “ssssí… mi tessssoro” de puro milagro), de rostro sudoroso y blanquecino, con habla y careto de psicópata, y nunca dejando de acariciar su rosario. Especialmente lamentable es cierta escena del principio del film, en la que se ve cómo los españoles talan innumerables árboles de un bosque mientras oímos la voz del menda diciendo algo parecido a “destruyo los bosques porque deben servir para la construcción de nuestra Armada”… ¡Sólo faltaba verle con una túnica blanca para que fuera el puñetero Saruman, por dios!

elizabeththegoldenage.jpg
“¡¡Al ataqueeeeerrrrrrr!!”

No eran necesarios semejantes recursos pueriles, y ahí radicó mi mayor decepción. Aún así, si nos decidimos a apartar de enfrente todos estos problemas, es posible disfrutar este producto agarrándonos a todos sus valores positivos, pues los tiene. Elizabeth: The Golden Age es, básicamente, un film para devorar con los ojos. La realización de Kapur es decente, y, al igual que en la primera parte, consigue llevar un perfecto equilibrio entre sus múltiples virguerías visuales sin llegar a pasarse de la raya y acabar convirtiendo la película en un videoclip, cosa que otros realizadores más consagrados hacen contínuamente. El realizador paquistaní se divierte creando bellas composiciones de plano y demuestra su amor por la profundidad de campo, que acentúa mediante el uso de las gamas cromáticas que resultan de la amalgama entre el frio de los bellísimos decorados, y el calor suntuoso de los trajes. El diseño artístico del genial Guy Hendrix Dyas es verosímil y ostentoso, y destaca lo suficiente sin llegar al ridículo “horror vacui” de típicas producciones de corte histórico como Troya.

elizabeth-la-edad-de-oro-critica-2.jpgY por supuesto, en una dimensión aparte, tenemos las actuaciones, que suponen otro plantel de actorazos y caras conocidas que se disfrutan al máximo en Versión Original. Cate Blanchet vuelve a demostrar que, aún sacándose una caca de la nariz, pasaría por encima de todas esas pseudoactrices – modelos que superpueblan el actual panorama cinematográfico. Sin novedad desde el frente. Clive Owen no está mal, pero su personaje (el poeta y explorador Sir Walter Raleigh) es meramente funcional y no da para mucho más allá del típico papel de hombrío de mirada profunda y muy fija que tan bien suele hacer (y del que consiguió desprenderse en esa puñetera obra maestra llamada Hijos de los Hombres, por cierto). No le falta ni la típica escena de anuncio de colonia, agarrado a las cuerdas de su barco con el cabello al viento y mirada al infinito. Pero en fin; funciona y tiene carisma. Geoffrey Rush, por su parte, elizabeththegoldenagepic25.jpgrepitiendo como Sir Francis Walsingham (uno de los consejeros particulares de la Reina y el creador del primer servicio de espionaje de Inglaterra), está un tanto más desaprovechado que en la primera parte, y es una pena. Sin embargo, es todo un placer disfrutar del careto y del arte de este buen hombre en cualquier película que se precie. Si cada película fuera un buen pedazo de queso de cabra, Geoffrey Rush sería como el trago de vino tinto que intensifica el sabor a lo bestia… O algo.

Tan sólo pongo en tela de juicio dos de sus aspectos técnicos. En primer lugar su confuso montaje, que consigue ser especialmente catastrófico durante la graciosa secuencia de los pretendientes de la monarca Isabel, al principio de la película. Y en segundo lugar, su banda sonora, omnipresente y cargante hasta decir basta. Apenas recuerdo, de hecho, alguna escena que no tuviera música. Seguramente la grandilocuencia comercial de este film, que comentaba al principio de esta reseña, es lo que hizo que se desestimara al compositor de la primera parte, David Hirschfelder, a favor del productor musical y también compositor Craig Armstrong. No sé de quién sería la idea, si de los productores o del propio Kapur, pero el resultado es harto cargante por culpa de un penoso Armstrong que pierde la contención entre su enorme pretenciosidad musical.

Un film, en definitiva, con gran poderío visual y actoral pero que no consigue llegar a la altura de una primera película mucho más honesta y menos pretenciosa. Si algún día deciden cerrar la historia de la monarca con una tercera parte, espero que sepan ser más contenidos y se vigilen de caer en maniqueísmos tan tontos e infantiles.

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Ejemplo de una bella composición de plano.

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3 comentarios

  1. Es penoso que un actor español como Jordi Mollá se preste a la más vil perpetuación de la leyenda negra sobre el rey Felipe II, mientras en la misma cinta se ensalza a Isabel I hasta el paroxismo. Más leer a Henry Kamen para preparar el papel y menos intentar darle un toque personal lamentable y falsario.

    ¿Sobre la película? Es una lástima que haya caído en la simplificación de los buenos guapos y listos contra los malos feísimos y fanáticos. Por otro lado, el menosprecio al enemigo sólo hace que minimizar su victoria.


  2. Hola, Carlos.

    Hombre, en lo que se refiere a Mollá, no sé hasta qué punto el carácter del personaje “a lo Gríma Lengua de Serpiente” se debe a ideas del propio actor o exigencias de los responsables de la pinícula, por eso decidí no meterme tanto con él en mi crítica como se hace en la mayoría de los lugares, más allá de mencionar lo mal que lo hace, claro.

    Por lo demás, estoy de acuerdo contigo, con la puntualización, eso sí, de que para mí el juego tan parcial entre buenos y malotes no hubiera sido tan sangrante si la pinícula no hubiera contado con el antecedente de la primera, donde esto está mucho mucho más moderado, no crees?


  3. Los extras españoles parecen pakistaníes como el cirector. El único que parece remotamente español es Clive Owen, Por lo visto la armada la quemaron tres barcos ingleses en llamas y Elizabeth se disfrazaba de Juana de Arco para arengar a unas tropas que no tenían mucho que hacer ya que los tres barquitos en llamas destruyen a los enemigos en una par de segundos. Aparte de todas estas tontería es una película lenta, pretenciosa y francamente inaguantable.



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