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Viendo… ‘Sin Perdón’ (‘Unforgiven’; 1992), de Clint Eastwood.

5 noviembre 2007

El crepúsculo del Western y la consagración artística de Eastwood.

por Atreus.

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Hay, en esta obra maestra, una secuencia clave que yo considero verdadero reflejo de los propósitos del director Clint Eastwood y su guionista David Webb Peoples (el mismo hombre que, junto a Hampton Fancher, agració al mundo del Arte con el complejo guión de Blade Runner). En cierta parte del film, al pueblo de Big Whiskey llega un afamado y temido pistolero inglés de nombre English Bob (interpretado por un inmenso Richard Harris, en Paz descanse), acompañado por un biógrafo personal, con el propósito de hacer suya la recompensa que las prostitutas locales ofrecen por la cabeza de dos hombres acusados de mutilar a una de ellas; suceso que es, por cierto, el desencadenante de esta historia. Nada más plantar su pie en el pueblo, el petulante English Bob recibe una soberana paliza por parte de Little Bill (Gene Hackman), otro veterano pistolero que es ahora quien ejerce la justicia en el pueblo (fantástica ironía, ¿verdad?). El inglés acaba con sus destrozados huesos en la cárcel, y es en la secuencia nocturna que se desarrolla en dicho lugar donde el confiado Little Bill relata al iluso biógrafo la verdadera historia de aquella leyenda viva, descubriéndole la cara oculta, cobarde, patética y… humana de todas sus hazañas. El biógrafo siente cómo el mito y la leyenda del héroe caen por su propio peso a sus pies.

En esa secuencia, Eastwood y su guionista nos revelan de un plumazo el verdadero carácter desmitificador de Sin Perdón. En una época en que el género del Western (admitiré que no es ni mucho menos mi fuerte) se consideraba como muerto y pasado de moda tras haber dado sus últimos coletazos de la mano de genios como John Ford, Eastwood recogió el testigo y brindó un emocionante epílogo, un perfecto punto y final crepuscular a uno de los géneros más famosos del cine norteamericano, gracias a una obra pesimista que trasciende el género (al tiempo que lo respeta; no olvidemos que Eastwood debe su fama a su maestro Sergio Leone y su Trilogía del Dólar o Trilogía del Hombre sin Nombre) por suponer una mirada revisionista y desmitificadora que descubre el verdadero rostro humano de los supuestos héroes y villanos del Oeste americano, y el verdadero peso de sus violentas acciones. Y por ella, ganó en el año 1992 los respectivos Oscar a mejor película, mejor director y mejor actor secundario (Morgan Freeman), en una de las pocas decisiones de la Academia que aún a día de hoy se siguen aplaudiendo con total unanimidad.

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William H. Munny (el mejor papel que ha interpretado Eastwood en toda su vida, con perdón de Harry Callahan) es un antiguo pistolero que parte junto con su antiguo compañero de armas Ned Logan (Morgan Freeman) y un joven llamado Schofield Kid que parece vivir cegado por la fantasía de las leyendas que antes he mencionado (y que, curiosamente, es también un cegato no asumido: nuevamente, un fantástico ejemplo de ironía y metáfora), en busca de dos hombres a los que deben dar muerte para ajusticiar a la mujer que mutilaron y, de paso, repartir una recompensa que al menos Munny necesita para asegurar su subsistencia y la de sus dos pequeños hijos. A lo largo de la historia vemos cómo los temores de Munny de volver a ser quien fue y el arrepentimiento ante sus actos pasados afloran paulatinamente a la superficie, y cómo ello podría suponer una vil traición a la mujer que amaba, la única persona que consiguió redimirle y orientarle por el buen camino. Curiosamente, pese a que nunca conozcamos a su mujer más allá de la figura de un solitario árbol y una lápida ante un bello atardecer, su presencia se puede sentir en todas las miradas, frases y actos de Munny, siendo por tanto un “personaje en Off” casi al mismo nivel que en Rebecca, de Alfred Hitchcock. Especialmente descorazonadora es la secuencia que antecede al clímax final, por suponer lo que supone y por suceder, precisamente, bajo un solitario árbol frente a unas nubes que guardan una tormenta.

Construida sobre el maravilloso guión de Peoples, que Eastwood guardó durante años hasta que estuviera preparado para abordarlo, el director nos brinda una realización poética y clasicista, contenida y carente de florituras inútiles, con un ritmo lento y pausado, representante de lo que el cine fue y en la mayoría de los casos ya no es, y que demuestra que Eastwood es un tipo que cuenta las cosas a su manera y que pasa de cualquier tipo de convencionalismo. Prueba de ello son, tal vez, las diversas sucesiones de planos con ángulos contrapuestos, que suceden unas cuantas veces en el metraje y crean una cierta confusión en la descripción de los espacios.

Sin Perdón es una historia en la que no hay buenos ni malos, sino personas que ceden de diferentes formas ante la maldad innata del ser humano. Todos los personajes, magistralmente definidos hasta en los secundarios más secundarios, son humanos de los pies a cabeza, desprovistos de todo atisbo de halo mítico, y en cuyos corazones el bien y el mal se entremezclan como alimañas al igual que sucede fuera de la pantalla, en el mundo real. Una historia profunda que versa sobre la violencia, la justicia, la redención personal, y cómo los demonios del pasado no pueden ser exorcizados, sino que se encapsulan en los más recónditos interiores del ser humano, dormidos, para aguardar el momento idóneo de volver a la superficie. Pues, como dice el propio título del film, no existe el perdón para nadie.

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Lo mejor: pues yo creo que todo.

Lo peor: que su carácter de Western genere reluctancias en mucha gente, y que su ritmo pausado sea un lastre para todos aquellos demasiado habituados al cine actual de explosiones programadas cada seis minutos.

Disponibilidad: fantástica edición en DVD distribuida por la Warner y que podéis encontrar en todas partes a precios muy rebajados. ¡A comprarla to dios!

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4 comentarios

  1. Te corrijo, la película es de 1992, pero los premios los obtuvo en 1993.


  2. No es de buenos y malos, pero tampoco es de personajes que ceden ante su maldad, es más bien sobre el perdón.


  3. Gracias por la corrección. Tienes razón; los premios son siempre al año siguiente.

    En referencia a tu segundo mensaje, no veo por qué una cosa tiene que invalidar a la otra. Es una película que habla sobre el perdón (obvio fijándonos apenas en su título) y en la redención, y al mismo tiempo versa sobre quienes acaban por ceder ante la maldad que habita en los espíritus de cada uno de nosotros, muchas veces irremediablemente.


  4. Pues ayer vi la pelicula, y quede encantado, una historia que a pesar de la sencillez de escenarios y que carece de superefectos especiales, lo tiene a uno pegado de la historia en todo momento (cuando vi la duración pense, Ohh, esto sera eterno), pero es una muy buena historia, bien desarrollada, en un género que no es facil de conseguir buenas historias o que se repiten muy a menudo.



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