por Atreus.
Fue en la noche del 8 de Septiembre de 1966, cuando la cadena estadounidense NBC emitió el primer capítulo de una serie de televisión que, muy poco a poco, acabaría por convertirse en uno de los seriales más importantes de la historia del medio, y por encima de todo, en un fenómeno sociológico y cultural que ya forma parte inherente de la cultura moderna occidental, para bien y para mal.
La novedad de Star Trek era que se trataba de una serie que no hablaba sobre la guerra, sino sobre la paz. Su bienintencionado creador, Gene Roddenberry, aunó algunas de las pautas aventureras de la “Space Ópera” y las sensibilidades sociales de aquellos revolucionarios años sesenta como el pacifismo, la igualdad sexual, las integraciones raciales y culturales o el amor por la naturaleza, con muchas de las constantes filosóficas y humanistas de la Ciencia-Ficción literaria de la época (discursos por aquel entonces escasos en el cine o la televisión), en una amalgama inusual que Roddenberry tomó como medio para poder expresar y compartir dichas inquietudes de forma muy sencilla y digerible, y al mismo tiempo difundir sus esperanzas más optimistas en la posibilidad de un futuro de paz y progreso en que la humanidad consigue erradicar el hambre, las desigualdades, la guerra e incluso el dinero. Todas esas inquietudes, centradas en Grandes Preguntas como nuestro papel en el Cosmos o la búsqueda de Dios, resultaron inusuales en una sociedad más acostumbrada a historias televisivas más típicas de buenazos y malotes, pero al final lograron calar hondo en un público de fieles telespectadores que semana a semana hacían volar sus fantasías y esperanzas junto a la tripulación del USS Enterprise en su búsqueda de respuestas y nuevos mundos a lo largo del Espacio, la última frontera.





