h1

¿Dónde están los marcianitos de ‘Inteligencia Artificial’?

17 Enero 2009

Viajemos, para los todavía despistados, al simbólico y melancólico mundo futuro de los súper-robots.

por Atreus.

Photobucket

Gestada durante años por el tandem Stanley Kubrick/Steven Spielberg y ambientada en un futuro no demasiado lejano en que la Humanidad da sus últimos estertores consumida por su propia deshumanización, Inteligencia Artificial (A.I. Artificial Intelligence) narra el angustioso periplo de David, un niño robot “más humano que los humanos” y capaz de amar más que ellos, movido por el amor hacia su madre en su intención de querer ser un niño de verdad.

Sin cortarme un pelo, se trata de una auténtica obra de arte que, espero, tarde o temprano acabará por ser ampliamente reconocida ya no sólo por sus obvias y más que impecables virtudes técnicas, sino también por la profundidad de su discurso filosófico de fondo. Aunque para ello es vital que la película en cuestión logre despojarse de una cierta serie de preconceptos, muy habituales en el cine de Spielberg, que han impedido que muchos espectadores llegasen a comprender la moraleja de la misma, que acaba por consolidarse en un tercer acto en el que hacen aparición unos seres que todavía muchos piensan que son alienígenas…

Photobucket

Una de las críticas más comunes hacia esta película tanto en su época de estreno como ahora, ocho años después, es que “hubiese quedado mejor” si concluyera definitivamente tras la escena en que el pequeño David permanece congelado por toda la eternidad en las aguas frente a la figura del Hada Azul, al final del segundo acto. Así, muy poca gente llega realmente a conectar con la última media hora de la película por considerarla bizarra e innecesaria. Se suele pensar que, al ser una película de Spielberg, y tras el precedente de otras como Encuentros en la Tercera Fase, E.T. y posteriormente La Guerra de los Mundos, esos misteriosos seres (que además, no olvidemos, se nos presentan altos, delgadísimos y de un tono verdoso) tienen que ser por cojones extraterrestres. Incluso se pueden llegar a leer y oír disparates todavía mayores, cimentados en el falso hecho de que como esa idea de los aliens “suena más a Spielberg que a Kubrick” (seguramente olvidando que este es el responsable de 2001: Una Odisea del Espacio), entonces Spielberg pervierte el legado de Kubrick al no poder evitar dotar a la película de sus obsesiones particulares, que son los extraterrestres y los finales felices. Ambos meros tópicos, como veremos.

En el fondo, es normal que a muchos de nosotros nos descolocara el inicio del tercer acto en nuestro primer visionado de la película. Yo mismo, si he de ser sincero, llegué a creer durante casi un año tras su estreno (y habiéndola visto tan sólo una vez) que quienes aparecen en el tercer acto son alienígenas, hasta que mi querido Zinho me hizo ver la luz después que este debatiera la película con sus colegas de la escuela de cine. Lo que sucede, realmente, es que no hay extraterrestres en Inteligencia Artificial, sino robots súper-evolucionados. Sufrimos por los errores que ellos cometieron porque cuando llegue el final sólo permaneceremos nosotros. Es por eso que nos odian. Es en esta frase de gran importancia, pronunciada por un oracular Gigoló Joe (Jude Law) en cierto momento cerca del fin del segundo acto del film, donde reside la clave del tercer acto.

Photobucket

Diseño conceptual del proyecto en el que claramente se refiere a los seres como robots.

Milenios después de la desaparición del Hombre, los últimos restos concientes de la creación del Ser Humano, la Inteligencia Artificial, logran alcanzar la cima de la escala evolutiva. Pero a imagen y semejanza de sus mismos creadores, y de un modo que resulta tremendamente poético, acaban por adquirir su mismo estado de soledad existencial porque son también seres capaces de hacerse preguntas sobre sí mismos, y de un modo similar a lo que sucede en esa otra obra maestra llamada Blade Runner (leed nuestra reseña AQUÍ), regresan a sus orígenes en busca de sus creadores (o lo que es lo mismo, en busca de Dios) y de respuestas, sueño utópico que finalmente termina por representar el pequeño David, el “eslabón perdido” entre unos y otros.

Así, la película se convierte en su tercer acto en un bello relato alegórico de nosotros mismos, entre muchas otras cosas. Una vez captamos el detalle, allí donde antes creíamos ver la forma de marcianos, no vemos otra cosa que robots: la misteriosa luz cuasi-eléctrica del interior de sus cuerpos translúcidos, las imágenes que reflejan sus rostros a modo de pantallas, el método de compartir información en cadena por medio del contacto físico… Pero al margen de lo visual, captamos también la lógica de la ironía narrativa de este giro argumental en contraposición con la absurda teoría de los marcianitos, pues durante las casi dos horas previas del metraje se nos va preparando para esa resolución de un modo razonado y consecuente en el que todo tiene sentido. Y por si fuera poco, también por medio de lo subliminal: si os fijáis en la fotografía que encabeza este post, la maravillosa escena de presentación de David en plano desenfocado es un sagaz guiño que, al aportarle esa figura estilizada, nos recuerda a la forma definitiva que tendrán los robots en el futuro, como me hizo descubrir Zinho semanas atrás.

Photobucket

Inteligencia Artificial no es, ni nunca ha sido, un film de palomitas, sino una visión crítica sobre nuestro futuro y una profunda reflexión acerca de la desesperada condición del hombre y el afecto que nos consigue definir como humanos. Pero para conseguir entender esto, hay que estar muy atentos a la película, que no es de apenas un único visionado, y por supuesto estar libres de esa clase de preconceptos hacia el cine de su autor. Lo mismo sucede con su final, demasiado meloso y ñoño bajo la opinión de muchos, pero que, a años-luz de ser un final feliz, esconde una angustia abismal muy consecuente con la tragedia que es la historia del pequeño David; un ser que, parafraseando a mi admirado crítico luso Tiago Pimentel, tan sólo busca ser amado para conquistar su derecho a ser humano. Y, como en las grandes tragedias, eso sólo es posible a través de la última gran prueba de humanidad: la muerte. Ciertamente, un final demoledor.

Comprendiendo estos puntos, descubrimos que a Inteligencia Artificial no le sobra ni un solo segundo de su tiempo de duración, y que probablemente se trata de uno de los films más incomprendidos del cine, sufridor de un “efecto Blade Runner” tras el cual seguro que acabará por ser reivindicada como la obra maestra que es.

Photobucket

7 comentarios

  1. ¡Demonios! no me acordaba de esta película y no se exactamente que conclusiones saqué, excepto que la humanidad se había ido al garete y que los cabezudos no eran humanos.

    Una cosa que me pareció importante y que solo la había visto en un programa científico, es la posibilidad de recrear cualquier forma de vida pasada partiendo de la información almacenada en alguna parte de los genes y de la materia, que es lo que hacen como favor al niño-robot para poder volver a ver a su madre.

    Saludos


  2. …aunque sólo se la traen por un tiempo determinado (24 horas).

    Lino, te recomiendo un revisionado. Esta película no merece permanecer en el olvido, de verdad. ;-)

    Saludos.


  3. …eso, 24h. Como decía, no recuerdo bien algunas cosas.

    Seguiré tu consejo y le podré remedio en cuanto me sea posible.

    Saludos


  4. Excelente articulo Atreus.
    De verdad que la pelicula lo merece. Espero pasar mas por este recien descubierto (para mi) blog.

    Saludos! :)


  5. Muchas gracias por tus palabras y bienvenidísimo, Stevie ;-)

    Saludos!


  6. Me abrió los ojos esta reseña. La película me cierra muchísimo más. Igualmente creo que hay una “trampita” al espectador en el diseño de los robots ya que , por su forma, el 99% de la gente piensa que son aliens. Quizás esta “trampita” es intencional a modo de mensaje de los autores…

    Muy buen blog! Felicitaciones.


  7. Gracias, Laucha.

    Estoy de acuerdo contigo: está claro que Spielberg quiso jugar con la susceptabilidad de sus espectadores, y por eso no puso las cosas muy mascaditas para ser facilmente entendibles. El diseño estilizado de los super-mechas es muy similar a aquel que solemos atribuír consciente o inconscientemente a los “marcianitos”, y al mismo tiempo no hay ningún diálogo en ese tercer acto en que ellos digan, claramente, en referencia a los humanos “ellos nos crearon” o “son nuestros padres”, o algo semejante.

    Me alegro de que el texto te haya ayudado a entender mejor esta obra maestra. ¡Un saludo!



Dejar un comentario