“La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ella, no desaparece” (Dick).
por Atreus.
En un mundo futuro en que diferentes clases de capacidades psíquicas están a la orden del día, Glenn Runciter, el anciano presidente de Runciter Asociados, compañía que combate criminales psíquicos y el espionaje industrial, sufre el mortal ataque de un grupo rival mientras viajaba a Luna para supervisar un trabajo junto a un numeroso grupo de trabajadores dotados de poderes mentales. Ellos, liderados por Joe Chip, intentan regresar a Tierra a tiempo de preservar a su jefe en estado de semivida y así salvar su mente, pero llegan tarde. Sin embargo, una serie de sucesos inexplicables que ponen en entredicho la persistencia de la realidad aparente, comienzan a fustigar al grupo de trabajadores cada vez más, alterando el mundo que les rodea e incluso acabando poco a poco con ellos… ¿Qué sucedió realmente en Luna? ¿Qué está sucediendo con la endeble realidad material que envuelve a los protagonistas? Y sobre todo… ¿qué coño es Ubik?
Esta novela de Dick, que recientemente he leído por segunda vez desde que el gran Zinho me la regalara en 2004, es única e irrepetible como su propio autor, y en ella nos encontramos de lleno con las más importantes constantes paranoides y metafísicas que marcaron su obra literaria y su mente, y que han convertido a Ubik en su obra maestra a vista de la mayoría de sus lectores más entendidos, y asimismo en una de las obras más importantes del género.


Tras dos películas como Dog Soldiers (que todavía no he visto, pero de la que Zinho me ha hablado muy bien) y esa joya titulada The Descent, uno de los productos de terror más fascinantes y valientes de la última década, 
Viendo una película tan bella como esta, uno llega a lamentar que hoy día el escaso cine de aventuras se centre apenas en productos del estilo de La Momia 3 o el triste último Indiana Jones, ya que ver El Viento y El León es (salvando las distancias de calidad, por supuesto) presenciar el mismo tipo de cine que Lawrence de Arabia, El Hombre que Pudo Reinar, o el único ejemplo de los tiempos recientes, Master & Commander; un tipo de cine artesanal, de gran belleza en las imágenes, que deja espacio tanto para la evocación visual, la tranquilidad y la épica, así como para la reflexión del espectador, y en el que los respectivos elementos exóticos se complementan con los personajes principales y ayudan a definir la profundidad o la evolución psicológica de los mismos, siempre dotados, además, de altas dosis de carisma.



